¡No vayan solos!

¡No vayan solos!
Fuente
Revista VAMOS

Luego de varios años de preparación salí al campo misionero el 2004. Al ser la primera misionera de mi iglesia había ciertos aspectos del envío que desconocíamos, como la función de las agencias misioneras. En mi primer término no estuve asociada a ninguna de ellas.

El presupuesto financiero fue cubierto y se hicieron algunos contactos con personas en el país al que fui enviada. Me sentí segura al partir cubierta por las oraciones de mi iglesia y su apoyo financiero.

Al poco tiempo de llegar al campo misionero pude notar la ayuda que recibían otros colegas de sus agencias misioneras.

Capacitaciones, consejerías bíblicas, mentoreo, seguro médico y asistencia legal si lo necesitaran. Pude notar que ellos debían también rendir cuentas de su trabajo y testimonio. Estaban acompañados y protegidos por otros obreros con experiencia formando equipos.

Fue entonces que pude notar que también necesitaba esa ayuda y supervisión. En el campo se experimentan retos y dificultades, tener un equipo ayuda a permanecer emocional y espiritualmente saludable.

Tuve la bendición de ser “adoptada” en el campo por un equipo de SIM. Fue al asociarme con ellos que pude también ser asistida por esa agencia misionera. En realidad, es antes de salir al campo que un obrero debe solicitar pertenecer a una agencia misionera.

Mi caso fue algo especial dado que ya estaba en el campo y necesitaba esa asistencia con urgencia.

Posteriormente mi iglesia formalizó mi asociación con SIM. Estoy muy agradecida por el apoyo recibido en diversos aspectos. Ellos proveen parte del cuidado integral del obrero en el campo.

Carmen, sirviendo en Asia

 

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