El negocio es una institución de Dios - David Doty

El negocio es una institución de Dios
Resumen

“Nuestra generosidad, integridad, ánimo y la búsqueda de la excelencia en los procesos y productos del negocio proveerá una base para construir relaciones con todos los públicos conectados a nosotros y abrirá la puerta para proclamar la verdad de Cristo en acción (nuestras acciones) y verdad (compartiendo el Evangelio).”

David Doty, autor del ‘El puente del Edén: El mercado en la creación y misión’

Fuente
Revista VAMOS

Los negocios son creados en la presentación de Eva como compañera o colega de Adán.

La división de la labor es la base de todas las economías. El término hebreo para compañero (`ezer) es el mismo usado en el Salmo 121:1-2 en referencia a Dios como fuente para saciar nuestras necesidades: “Alzare mis ojos a las montes – ¿de dónde vendrá mi ayuda? Mi ayuda viene del Señor, el hacedor del cielo y la tierra.”

Además, en la creación narrativa, notamos que a Adán no se le mandó trabajar. Él fue creado para trabajar. Entonces, la vocación tiene un lugar especial en el orden de la creación de Dios. La palabra hebrea para trabajo (abad), en Génesis 2:15, es la misma palabra utilizada para describir el servicio de los sacerdotes levitas en el templo y de la adoración que los israelitas realizaban en el desierto durante el exilio egipcio antes del Éxodo.

El trabajo, cuando es formado apropiadamente según el diseño de Dios, provee sustento, satisfacción personal y una gran vía para crecer en santidad a través de relaciones justas y correctas, donde comunidades enteras se apoyan el uno en el otro para su provisión y progreso material. El trabajo y el intercambio de los frutos de nuestra labor, es decir, participar del mercado, compensa la única verdadera institución de toda la creación y experiencia humana. Todos participamos, en diferentes grados, en el mercado como productores y consumidores. Esta actividad es esencial para ser un humano de acuerdo a la intención original que Dios tiene para el mundo.

Ayudemos a otros a empezar negocios, empoderémoslos para tomar parte en esta institución a la que ellos también pueden unirse y practicar la santidad en cada relación – con clientes, vendedores, empleados, comunidades y gobierno local. Al hacer negocios de acuerdo a las enseñanzas de Jesús, amamos a otros y demostramos el amor de Dios por el mundo entero. Nuestro comportamiento al construir estas relaciones abre las puertas para conversaciones sobre por qué vivimos diferente que el mundo. Hagamos que aquellos que nos rodean sean conscientes del poder del evangelio en nuestras propias vidas y de que la gracia salvadora de Dios está disponible para todos.

Por David Doty, autor de ‘El puente del Edén: El mercado en la creación y misión’

 

 

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