El Pastor Vagabundo

El Pastor Vagabundo
Resumen

“En 100 años, ¿quién importará cuánto éxito hayamos logrado o la comodidad con que hayamos vivido? Lo que va a importar es en qué invertimos nuestras vidas.”

 Moisés López V.

Fuente
Revista VAMOS

El pastor Jeremías Steepek, se disfrazó de mendigo y fue una iglesia de 10 mil miembros donde iba a ser presentado como pastor principal. Caminó por los alrededores de la iglesia por 30 minutos y solamente 3 de cada 7 de las 10.000 personas le decían “hola” al mendigo, pidió limosna pero nadie en la iglesia le dio algo.

Cuando ingresó intentó sentarse en la parte de adelante, pero los ujieres le pidieron que se siente en la parte de atrás.

Saludó a las personas pero lo único que recibía a cambio eran miradas de desprecio. Cuando se sentó en la parte de atrás, escuchó los anuncios del culto y en seguida, los líderes anunciaron que se sentían emocionados en presentar al nuevo pastor de la congregación: “Es un placer presentarles al Pastor Jeremías Steepek”. Las personas miraron alrededor aplaudiendo con alegría y ansiedad. Fue cuando el mendigo que estaba en la última banca, se puso en pie y comenzó a caminar por el corredor. Los aplausos pararon y todos lo observaban.

Él se aproximó al altar y agarró el micrófono. Se contuvo por un momento y leyó Mateo 25:34-40: “Entonces el Rey dirá a los de su derecha: “Venid, benditos de mi Padre, heredad el Reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo, porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; fui forastero y me recogisteis; estuve desnudo y me vestisteis; enfermo y me visitasteis; en la cárcel y fuisteis a verme”.

Entonces los justos le responderán diciendo: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos, o sediento y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero y te recogimos, o desnudo y te vestimos? ¿O cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?” Respondiendo el Rey, les dirá: “De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis”.

Después, miró a la congregación y les contó todo lo que había pasado aquella mañana de domingo. Muchos comenzaron a llorar, muchas cabezas se inclinaron por la vergüenza. El pastor dijo entonces: “Hoy veo una reunión de personas, y no a la Iglesia de Cristo.

“El mundo tiene suficientes personas, pero no hay suficientes discípulos.

¿Cuándo ustedes se convertirán en discípulos?” Luego de eso cerró el culto y se despidió.

 

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