
Muchas veces en la Iglesia, el hablar de fondos, ofrendas y temas económicos, causa cierta incomodidad entre la congregación. Sin embargo, no sería necesario si en la Biblia no se tratara de ese tema, pero sí lo hace.
Nuestra actitud de dar dinero a la misiones cambiaría si también nuestra forma de pensar fuera transformada. Cuando ofrendamos, no estamos dando nuestro dinero a humano alguno. En primer lugar porque no es nuestro dinero, sólo somos administradores. Y segundo, porque ofrendar es dar voluntariamente (recursos) para extender el Reino de Dios. Él es el que ve nuestro corazón y actitud. Y por supuesto que Él provee para Su obra.
Un versículo que siempre me ha hecho pensar y hasta ponerme los pelos de punta es Romanos 10:14-15 “¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados?…”. Hay una urgencia de ir, enviar. Quizá muchos no podamos ir a cierto lugar lejano, pero mi hermano, que tuvo que dejar todo, irá. Y si bien no iré físicamente con él, está en mis pensamientos, oraciones y ofrendas.
Es nuestro deseo que a través de esta edición aprendamos el cómo, para qué, por qué ofrendar y levantar fondos; y sobre todo, extender el Reino de Dios como una sola Iglesia. ¡Seamos parte de la Gran Comisión!
Ruth