Cuidando el corazón de los misioneros solteros

Cuidando el corazón de los misioneros solteros
Resumen

Los solteros, al igual que cualquier otro creyente, necesitamos ser discipulados, necesitamos a alguien cercano en quien confiar para compartir nuestras alegrías y nuestras tristezas; para contarle nuestras victorias, pero también nuestras luchas.

Fuente
Revista VAMOS

Hay algunas cosas que como Iglesia podemos hacer para ayudar a nuestros misioneros en cada etapa de sus vidas:

  • La salud física y emocional, a veces por el exceso de responsabilidades, el misionero descuida su salud y el choque transcultural puede repercutir en el ministerio.
  • La soledad, dado que los latinos somos muy relacionales, el vivir solos puede llevar a una falta de sentido de pertenencia. Una posible solución es que el misionero soltero sea “adoptado” por una familia o viva con un grupo de solteros.
  • Vísitalo junto a tu iglesia: En especial en festividades especiales, como Navidad, Pascuas u otras donde sentir a la familia es importante si es soltero, o recibir compañía es cálido para aquellos que están casados o con hijos.
  • El cuidado de la pureza sexual debe ser una prioridad, el cuidado del corazón y de los ojos deben ser tomados en cuenta ante las tentaciones que expone la soledad de la soltería.
  • Pensar que no afectará a nadie si es que peca (siempre hay ocasiones para caer en pecado, sobre todo en lo sexual). Se necesita temor de Dios para mantenerse lejos del pecado.
  • La falta de equilibrio en la vida conlleva a descuidar sus responsabilidades (al no tener quién lo supervise), a trabajar en exceso o descuidar de sí mismo.
  • La falta de rendición de cuenta, no solo del ministerio sino de su vida espiritual.
  • La presión social y eclesial por su estado de soltería. En varios países, los pastores y líderes ven a los solteros como si todavía estuvieran madurando. No presiones. Sea que este muy joven o mayor, presionar no es la mejor solución. En vez de ello, ofrécete a conversar con él/ella y preguntale cómo orar por su corazón, si ha conocido a alguien o si todavía está en espera.
  • Alégrate con él/ella. Si inicio una relación, ¡alégrate!, si se va a casar, ¡alégrate!, si está soltero, ¡alégrate! No hay mejor apoyo para un misionero que el apoyo que reciba en cualquier etapa de su vida.
  • Ofrécele consejería al querer iniciar un noviazgo, quizás la pareja que Dios tenía destinado para él, no estaba en casa, sino en el campo misionero. Ayúdalo aconsejándolo cómo orar por su idóneo(a), cómo mantenerse puro sexualmente, si está de novio, aconséjalo en su camino al matrimonio, y lo mismo cuando se case.
  • Busquen a Dios juntos. Nada más enriquecedor para la vida y el corazón del misionero que la misma Iglesia buscando a Dios juntos estén donde estén, tengan un devocional, lean la Biblia y oren juntos.

 

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