Con Dios, nunca se nos va el tren

Con Dios, nunca se nos va el tren
Resumen

“Mientras oras por tu futuro esposo(a), no te enfoques solo en tus propios deseos, sino en como tus oraciones PUEDE ayudarle(a) a ser el poderoso(a) hombre/mujer que Dios le ha llamado a ser. Si oras diligentemente por él/ella y llevas esta práctica al matrimonio, te asombrarás en cómo Dios moldea al hombre/mujer que tu corazón desea.”

Leslie Ludy, autora y conferencista

Fuente
Revista VAMOS

Hay una frase muy popular que se les dice a todos aquellos que alcanzan cierta edad y todavía no se han casado y es: “se te va el tren”.

Para Verónica Escudero, una misionera peruana, eso fue una historia distinta.

“Mi familia, mis amigos e incluso mi iglesia me presionaba mucho por casarme, y no es que no quería casarme, sino que disfrutaba de mi tiempo sirviendo al Señor como soltera, tenía más tiempo para estar con las personas y desarrollar el ministerio por el cual vine aquí”.

Las primeras veces que escuchó esta frase fue a los primeros años “no es que fui al campo tan joven, tampoco. Al cumplir mis 35, mi familia me dijo: ‘se te está yendo el tren”, cosa que me hizó sentir algo mal”, dijo ella.

Pero eso no fue todo, “sin esperarlo y al hablar con los líderes de mi iglesia, al cabo de unos meses, me preguntaron si ya había conocido a alguien, porque ya me estaba poniendo mayor”, añadió Verónica.

Y con el pasar con el tiempo siguió siendo así, “a veces los locales me preguntaban por qué no me casaba, pero nunca dejé que me afectara”, dijo ella.

Al cumplir los 50, las veces en que le preguntaban sobre el amor disminuyó en su totalidad, “sentía que después de tanto preguntar y con mi edad ya se habían dado por vencido de que conociera a alguien, e incluso tuve un momento incómodo con mi hermano cuando me preguntó si de verdad me gustaban los hombres”, dijo Verónica.

Un día, 28 años después de servir en misiones Verónica le dijo a su pastor: “Pastor, tenemos que hablar”. “Mi pastor pensó que le iba hablar de mi jubilación, pero quedó atónito con la noticia”, mencionó ella.

Verónica siempre la había pedido al Señor que me diera un hombre de Dios con quien desarrollara su ministerio mucho más, y no que le cambie el rumbo de su vida y así fue, “¡Me voy a casar!”, fueron las noticias, “mi pastor no tenía palabras, pero estuvo contento por mí. Le conté de cómo empecé a salir con el reverendo de mi iglesia adoptiva aquí y que habíamos decidido casarnos”, añadió Verónica.

“Nunca perdí las esperanzas, estaba segura de que con Dios nunca se me pasaría el tren. Yo solo seguía sirviendo fielmente porque sabía que Él proveería en Su momento correcto.

Ahora mi ministerio fusionó con la iglesia a la que servía y estoy segura de que será así hasta mis últimos días”, finalizó ella.

 

 

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