
Si fuiste llamado para ir al campo misionero con tu familia o estás en el proceso, acá tenemos algunas pautas que te ayudarán a involucrar a tu familia en esta emocionante aventura.
Ten tiempos en familia con Dios: Separa un tiempo diario con tu familia para buscar a Dios, para orar por la obra y tener en claro la visión que Él tiene para ustedes. Hazles entender la importancia de esta tarea y que se comprometan con ella.
“Siempre supimos que iríamos a las misiones porque desde muy pequeños nuestros padres nos hablaban de ir a Turquía y orábamos por ese motivo”, dicen los hijos del misionero Nicky, quien trabaja en Turquía en una naciente iglesia ACYM.
Respeta sus decisiones: Escucha a tu familia. Toma en cuenta sus opiniones y decisiones. A través de ellas también Dios puede estar mostrándote Su Voluntad.
Comparte con tu familia los lugares o campos blancos donde pueden ir y después de un tiempo de oración y búsqueda de Dios decidan en unidad (si es que Dios no les habló antes sobre algún lugar específico).
Involúcralos en el servicio: Visita con ellos a las familias, llévalos a reuniones, servicios y otras actividades para que puedan entender mejor el servicio, se identifiquen con la misión y vean que son útiles. El problema de no ir con la familia a los lugares donde sirves es que se forma una brecha entre el hogar y el trabajo.
De esta forma, la familia no comprende en qué se está trabajando y por qué tanto esfuerzo, y los hermanos a los que sirven no conocen a la familia ni comprenden sus necesidades.
Guíalos a descubrir su lugar: El conyugue y los hijos tienen dones que Dios les ha dado. Permíteles que los usen y si no saben cuáles son, ayúdalos a que los descubran. No los limites a servir en lo que tú quieres, ni los restrinjas cuando quieran participar. Guíalos a entender lo que es el servicio y cómo quiere Dios usarles con lo que Él les ha dado.
Demuéstrales que es grato servir: Hay momentos duros en el ministerio. Cuida el corazón de tus hijos, evita hablar mal de la gente. Recuerda que los niños son esponjitas y pueden interpretar tus palabras y actitudes de manera negativa y en un futuro no querer servir al Señor o a Su iglesia. Hazles entender el privilegio de servir a Dios y a su pueblo. Cuando los niños hayan crecido o sean maduros, explícales de las dificultades y obstáculos pero también muéstrales cómo Dios te ayudó y la recompensa del servicio a Dios.
Muéstrales el amor por la gente: Hazles ver a las personas tras la misión que realizas. Que puedan identificarse con las personas más que con las tareas. Si ellos no comprenden que están haciendo una obra de amor, no le tomarán importancia.
“Mi papá me dijo que estaba obedeciendo a su llamado de hacer misiones. Y que amaba bastante al pueblo de India”, comenta Marko Aguirre, quien fue con sus padres a los 8 años como misioneros a la India. Hoy tiene 20 años.
Respeta el día familiar: No permitas que el trabajo en la obra sature tu tiempo con la familia. Cultiva tiempos en los que la familia se fortalezca y crezca. Esta unidad ayudará en la misión.
Nicky, misionero junto a su familia en Turquía nos dice que no se deben sacrificar las relaciones familiares por hacer la obra, porque tarde o temprano, se tendrá que dejar la obra por salvar a la familia.
Motívalos para que sean los futuros misioneros: Los hijos no siempre serán lo que los padres han sido; pero el llamado a las misiones es para todos. Así que, debes enseñar a tus hijos a amar las misiones. Enséñales que lo que están haciendo como familia salva vidas. Que ellos puedan descubrir si todas estas vivencias los están guiando a un llamado personal.
Extractos de Conferencia Misionera Alianza - “Involucrando a la Familia en la Misión” - César Arrunátegui