Un impacto dejado en un país de hombres

Un impacto dejado en un país de hombres
Resumen

Es un país de hombres. Casi no ves mujeres fuera; ellas están dentro de la casa. Pero July, ecuatoriana, fue a este país en Asia para servir como misionera en 1997.

Fuente
Revista VAMOS

Cuando caminaba y los hombres la tocaban en las calles, entonces tenía que taparse con los brazos el pecho o el trasero.

Al llegar allí oraba, “Señor ¿cómo me mandas a un país de hombres siendo mujer y soltera? Aquí una mujer sin un hombre no vale nada.” Al ser fiel en sus devocionales, Dios le mostraba que Él se encargaría de su ministerio.

Un día una joven, Sheshi, llegó a su casa para pedirle trabajo, y aunque no tenía muchos fondos para pagarle, la contrató para hacer sus uñas o depilar sus cejas cada 15 días.

“Me dolía muchísimo, me dejaba la cara roja, pero era parte de tenerla hora y media conmigo y mientras le hablaba de Jesús”, cuenta July.

Una vez, Sheshi dejó de venir por unas semanas, July fue a buscarla.

Su mamá le informó que Sheshi de 17 años había tenido flujo de sangre ya por muchos días, estaba muriendo.

“Deja que muera. Tengo más hijos”, dijo la mamá. July la llevó al hospital donde fue obvio que necesitaba sangre, pero aun su papá se negaba, “No, hay sangre para una mujer”.

July quiso donarle sangre, pero había leyes allí que las mujeres no podían donar. Pasó toda la noche orando, caminando de un lado a otro todo el hospital, orando al Señor para que cambiara el corazón de alguien o del médico o del papá de la muchacha, ya que había que salvarle la vida a esa joven.

El doctor decidió que iba a probar la sangre de July y la llevó al laboratorio.

“Él probó mi peso, me puso en la balanza, y como peso mucho sus ojos se abrieron, y me dijo, ‘Tú pesas como tres mujeres. ¡Tienes mucha sangre!’”.

Entonces la chica se salvó, y ahora, ella y sus dos hermanas son cristianas y sirven al Señor.

Dios le estaba mostrando formas de hacer discípulos de manera diferente.

“No voy a dormir hasta que una persona escuche de Jesús”.

Otro joven vino a pedirle trabajo, y aun con lo poco que tenía, lo contrató para ayudarlo con varias tareas del hogar e incluso para las visitas a las casas que realizaba.

“Él era hinduista, pero fue mi Timoteo por siete meses, iba a las casas a hacer cultos, yo tocaba tambores, le daba cancionero y él cantaba, aunque no era cristiano. Le daba la Biblia para que leyera tal texto, él leía y yo predicaba, y así íbamos a orar por los enfermos”, cuenta July.

Un día, con lágrimas en los ojos le dijo a July: “Yo también soy cristiano”, y le preguntó por qué nadie había venido a contarles de Cristo antes, ya que su papá había muerto sin conocer la Verdad.

El joven declaró, “Voy a hablar de Jesús, y no voy a dormir hasta por lo menos hablarle cada día a uno de Jesús”, y cumplió su palabra. Este joven está predicando y multiplicando iglesias.

Cuando July terminó su servicio misionero, había capacitado bíblicamente y ordenado a 19 pastores y 36 evangelistas entre hombres y mujeres.

 

 

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