
“Porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber...”
Mateo 25:25
Primero, debemos reconocer que el miedo forma parte de una batalla espiritual. Pablo escribe a Timoteo que no hemos recibido un espíritu de temor, sino de amor, poder y dominio propio. Es con ese espíritu que hemos de enfrentar los desafíos de nuestro tiempo, sin darle lugar al miedo. Sin embargo, lo veo en cristianos de todas partes, y su fruto es siempre una postura defensiva, dura y hasta hostil.
El miedo nunca produce amor y compasión, por eso cuanto más el enemigo logra sembrarlo en nuestro corazón más impide que sintamos compasión por las personas y les brindemos lo más precioso que tenemos – el Evangelio.
Segundo, entender que el miedo se alimenta de la ignorancia. Tememos a lo que no conocemos, lo que no entendemos.
Por George Rivers, parte de la Escuela de Discipulado en Argentina, trabaja con refugiados y moviliza hacia al mundo árabe
¿CÓMO ENFRENTARLO?
ORA: Si te diste cuenta que has sido afectado por este miedo, renuncia a él y pide a Dios que te dé Su perspectiva y Su amor por las personas. Su amor será derramado en tu corazón y podrás amar a tus nuevos vecinos, al extranjero e incluso al enemigo
COMPROMÉTETE: A saber más acerca de ese pueblo, cultura o religión específica. Cuanto más puedas conocer acerca de otro pueblo o cultura, o mejor aún tener contacto con otro pueblo o cultura, menos miedo vas a tener.
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