“Nuestros hijos son agentes delministerio, no solo recipientes de él. Latransformación llega cuando no sololes decimos cómo se unirían a Diosa Su historia, sino también al darlesoportunidades para hacerlo”, dijo KarenHarden, sirviendo con Weave.
“Si se gana a un niño para Cristo seha ganado un alma y toda una vida”,dijo D. L. Moody, evangelista del sigloXIX. Si nos tomamos el tiempo parasembrar la semilla del evangelio en loscorazones de los niños, y la cultivamosatentamente, motivando a los niñosa poner en práctica lo que estánaprendiendo, los movilizaremos aparticipar en misiones y producir frutopara el reino por el resto de sus vidas.
“Un día, una joven me contó que enuna clase de misiones que le regalé undulce por encontrar en el mapa la islade Cabo Verde. Desde allí, su interés enmisiones empezó y la llevó a estudiaradministración de empresas. Hoy, tienecomo proyecto involucrarse en losnegocios como misión”, dijo SusanaFrancese, colaboradora con RAIM y OMArgentina.
Es vital que los niños crezcan sabiendoque son parte de la Gran Comisión de Dios y que empiecen a servir desdetemprana edad.
María Lola Moreno conoció a Cristoen un campamento a los 11 años.“Recuerdo cuando la maestra nospreguntó si queríamos creer en Jesús,yo levanté mi mano y dije, ‘¡Acepto!’.No esperaba verme estar donde Diosme ha llevado ahora, solo dije ‘Señor¡Heme aquí!’ y di mi paso de fe”, dijoMaria Lola, quien ha servido muchosaños en misiones y actualmente esdirectora de Impacto Mundial, enEcuador.
La juventud de hoy son los misionerosdel futuro, ¡preparémoslos! Pues son uncampo fértil.
Aylín López, misionera en Uruguay,trabajó con niños de 8 a 10 años en laescuela dominical donde les habló demisiones.
“Les leía las historias y cartas demisioneros, y hacíamos actividadescomo escribir cartas a un misionero.Empecé a ver cambios en sus actitudes,y los vi tomar más interés en las cosasespirituales. Saber que todo el esfuerzoy trabajo que llevaba el ministerio deniños valía la pena, me animó”, dijoAylín.