
Vivimos en un mundo globalizado, en una época que ha sido nombrada por algunos como la “era de las misiones de todas partes hacía todas partes”, los avances en áreas como la tecnología, transportes, comunicaciones, relaciones comerciales y geopolíticas son evidentes.
“El avance del Evangelio entre los menos evangelizados exige que nos adaptemos y enfrentemos a estos nuevos desafíos formando equipos para el cumplimiento de la misión”, dijo Mario J. Lemus, Director Ejecutivo de FAM Guatemala, www.faminter.org.
Al trabajar en alianza con otros podemos aprender y desarrollarnos más, pero no debemos ir solamente buscando satisfacer una necesidad. Ese, noo es el fin de una alianza.
“La cooperación exige que nos despojemos de nosotros mismos y vayamos juntos en la búsqueda de un mismo objetivo. No se trata de aprovecharse uno de los recursos del otro. En realidad es poner mis recursos en una mesa donde el otro pone los suyos, y ahora juntos establecemos de qué manera podemos aprovechar al máximo todo lo que tenemos en base a la cooperación”, dijo Mario.
El establecer alianzas no significa que debes trabajar con todos, es necesario ser selectivo, con cosas en común como objetivos, valores, visión, etc.
“Tampoco debes buscar establecer una alianza como una manera de dejar tu responsabilidad en las manos de otro”, dijo Mario.
Los convenios de cooperación establecen las responsabilidades que cada persona u organización debe de cumplir. Nunca debe establecerse una alianza sin antes haber discutido sobre temas de finanzas, filosofía de trabajo, declaración doctrinal, políticas de envío, reclutamiento, supervisión, cuidado de misioneros, etc. Los acuerdos facilitan el éxito en la cooperación.
“Nuestras debilidades se hacen fortalezas cuando cumplimos la Gran Comisión en unidad. Al trabajar en alianza con otros puedo ver a Dios obrando de una manera muy especial”, dijo Mario.
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