Lo que no se dice del campo

Lo que no se dice del campo
Resumen

"¡Váyanse o me los comeré!", gritó ella. Todos los ojos en una iglesia rural de Nepal se ensancharon cuando una mujer retorciéndose en el piso aullaba esas palabras aterradoras.

Fuente
Revista VAMOS

“Estaba parado al lado de Darshita cuando colapsó. Ella todavía estaba aparentemente inconsciente. Entonces, pareció tener un ataque.

Aunque Darshita solo pesaba unos 40 kilos, se convirtió en un peso pesado mientras se retorcía y lloraba en el suelo”, dijo Esteban quien sirve en Asia.

Casi de inmediato, el Espíritu Santo ayudó a Esteban a discernir que era un espíritu maligno.

“Dejé caer mi cuaderno, caí de rodillas para orar en el nombre de Jesús para que el demonio salga de ella. El Señor trajo a mi mente la historia en Lucas cuando Jesús se encontró con legión. Pensé que podría haber más de un demonio. Mis oraciones continuaron, pero no pasó nada. Por un momento, la duda se apoderó de mí y me pregunté por qué mis oraciones no funcionaban”, dijo él.

Pero Esteban sabía que Dios era más fuerte que lo que había dentro de esa mujer. “Otros se unieron a mí en la oración, pero, aun así, no pasó nada. Entonces Darshita chilló y se revolcó, luego se quedó sin fuerzas. Varias veces salió del aturdimiento y se miraban las manos mientras el horror y la desesperación la consumían”, añadió Esteban.

Aunque la posesión demoniaca no es un tema que a menudo se toca en nuestras iglesias en occidente. Es uno que está muy arraigado a las culturas del oriente y no podemos hacer ojo ciego a este tema. Esteban nos comparte su experiencia de que hacer para estar listo antes estás situaciones:

  1. Ármate con la verdad del evangelio: El Espíritu Santo mora en todos los verdaderos creyentes, por lo que no tememos a ser poseídos por demonios (1 Cor. 3:16, 1 Juan 4: 4, Rom. 8: 9-15, 38-39). Podemos ser tentados por los demonios, pero tenemos la espada del Espíritu (Ef. 6:17) y la oportunidad de vencer la influencia demoníaca (1 Cor. 10:13). El mal debe huir ante la presencia de Dios. Confía en el poder del Señor que emana de nosotros mientras servimos en lugares oscuros.
  2. Habla con los misioneros de tu equipo: Pregúntale a los misioneros con los que trabajarás sobre el clima espiritual, la guerra espiritual y cómo puedes prepararte. Pueden analizar qué creen las personas en su contexto sobre el mundo espiritual, cómo interactúan con él y cómo los creyentes locales abordan cuestiones de posesión o guerra espiritual.
  3. Ora, canta y habla el nombre de Jesús: Cuando tenía dos años, cuando mi familia vivía en el este de Asia, tuve pesadillas inquietantes que me robaban horas de sueño. Entonces mis padres oraron para que Dios reclamara la habitación, la noche y mis sueños para Jesús. Le pidieron a Dios que desterrase cualquier cosa que no fuera de él. También orábamos esto en las habitaciones de hotel y casa de húspedes.

Todavía hago esto como un adulto. Animo a los voluntarios con los que trabajo a que hagan lo mismo dondequiera que se queden.

La Escritura dice que el solo decir el nombre de Jesús hace que el mal huya (Lucas 10:17).

Su nombre es nuestra mejor arma. Ese es nuestro objetivo. Ningún mal puede oponerse al poder de Su nombre. Podemos regocijarnos de que el poder de Dios, en todo momento y en todos los casos, triunfa sobre el mal.

 

 

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