
Las familias de misioneros experimentan algo que muy pocos han experimentado y es un proceso de duelo. Hay que entender eso y cada uno va a manejarlo a su manera. Pero creo que al igual que con el duelo de muerte, también en este caso hay cosas que uno puede hacer para ayudar a manejarlo de una manera sana, y la iglesia y los hermanos son una parte clave en todo esto.
Quizás si se dieran cuenta que es un proceso de duelo, les ayudaría a tomarlo más en cuenta y más serio. Si ellos no han experimentado, no tienen empatía; pero si yo he perdido a mi papá y veo que la hermana acaba de perder a su papá, inmediatamente tengo emociones y recuerdos que me ayudan a entenderla. Pero con la familia que envía a un hijo, ¿qué pasa? Por eso un grupo es importante, podrían autoayudarse, intercambiar ideas, hacerlos sentir útiles.
Dra. Jessie Ritchey, consultora en cuidado integral
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