9 maneras de salvar tu matrimonio

9 maneras de salvar tu matrimonio

Mi esposo y yo nos servimos por 5 años en una zona de guerra en Uganda. Salimos del campo pensando en el divorcio. Nos habíamos hecho mucho daño, y como una casa en llamas, no estábamos seguros de qué se podía salvar. Pero con la gracia de Dios y la consejería apropiada, superamos esta situación en nuestras vidas:

  1. No te mientas pensando que te casaste con la persona incorrecta: Solo porque haya problemas no significa que no sea el indicado. A veces Dios pone a 2 personas muy diferentes porque sabe que serán mejores juntos que separados. Recordar esto te ayudará a enfocarte más en las fortalezas que los defectos.
  2. Aprende a amar como Dios ama: La baja autoestima crea ciclos poco saludables. Juzgamos o culpamos a otros porque no queremos que nuestro ser más oscuro se revele. Al hablar con tu cónyuge, hazlo con amor, paciencia y perdón, de la misma manera que Dios lo haría contigo.
  3. Crezcan juntos: Para tener un matrimonio saludable es crucial tener la capacidad de autoconciencia y crecimiento. Cada momento tenemos la opción de acercarnos o alejarnos más. Si tu cónyuge está interesado en algo, intenta aprender al respecto y únetele.
  4. Pongan su matrimonio antes del ministerio: No le des las sobras de tu tiempo a tu matrimonio. Aprende a ponerle límites a tu ministerio. Si vas a alcanzar a otros para Cristo, que sea también a través de tu testimonio como esposo ejemplar.
  5. Compartan sus necesidades: Las personas no leemos las mentes. La comunicación no se trata solo de hablar, sino de ser lo suficientemente capaz de reconocer y articular claramente sus sentimientos y necesidades.
  6. Ayúdense a perseguir sus sueños: Cumplir tus metas personales, más allá del servicio en el campo, ayuda a fortalecer el matrimonio, motívense y ayúdense el uno al otro para que esto pase.
  7. Recuerda por qué te enamoraste: A medida que matrimonio envejece, tendrás que redefinir qué es el romance. Si buscan lo suficiente, siempre podrán ver lo bueno del otro, sin importar cuán lejos se hayan alejado de la razón principal.
  8. Perdona de corazón: Es muy fácil dejar que se acumule el resentimiento. Cuando perdones, que sea de acción y palabra para que la próxima vez no traigas heridas viejas a la primera oportunidad.
  9. Busca ayuda: Ser misionero no significa que debes aparentar que todo está bien. Busca un lugar seguro donde puedas procesar tus sentimientos y temores. No hay nada de malo de hablar con tu líder o pastor o buscar a un terapeuta o psicólogo.

Andrés y Sofía, sirviendo en el Norte de África

 

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