
El exilio no solo es un evento histórico del pueblo judío, sino que es un patrón bíblico a través del que se explica la consecuencia y la insatisfacción con el mundo caído que nos hace desear, añorar y trabajar por un nuevo hogar del que seamos parte.
Donde se nos acepte como miembros -no por características culturales, ni rasgos faciales, ni acentos, ni gustos ni conocimientos- más que por el conocimiento y amor a Dios quien nos creó iguales y nos prepara un hogar o morada divina donde ya no habrá más dolor, ni angustias, ni despedidas, ni choques culturales.
Al igual que Adán y Eva fueron exiliados del Edén, Moisés de Egipto, David y Elías de Jerusalén, Jesús de Belén, Pablo de Damasco; el exilio genera incomodidad y angustia; ya sea como consecuencia de malos actos o injusticias, el patrón es la no aceptación y, por ende, vivir en la desilusión de no pertenecer al lugar donde se está.
Cuando el pueblo de Israel fue exiliado a Babilonia, Jeremías confirmó que estarían al menos 70 años en dicho lugar, y encomendó que el pueblo no se retraiga de la sociedad y cultura donde estaban; sino que invirtieran en ella, construyendo y trabajando para el nuevo emperador conquistador, sirviendo de la mejor manera que pudieran, pero siempre honrando a Dios.
Así es como Daniel, Azael, Ananías y Azarías sirvieron en la corte, pero con la condición de ser de bendición a su manera, sirviendo a su Dios, marcando los límites entre lo profano y lo bueno, aun cuando era peligroso para ellos, confiaron en un Dios que los protegió del fuego, del desprestigio y la muerte.
Jesús mismo trajo nueva luz sobre este estilo de vida acentuando el valor de la ley que los sacerdotes predicaban, pero desafiando las interpretaciones que oprimían al pueblo y que se desentendían la intención de Dios haciéndolos esclavos de la Ley.
El descontento por la situación actual pero el compromiso por traer el Reino de Dios donde se esté, es la condición de exilio con la que todos los cristianos, sobre todo los HTC, nos vemos desafiados.
Matías, HTC y psicólogo argentino
No me saquen de mi isla
El exilio como estilo de vida Nuestra hija nació en el campo, y cuando era pequeña, Dios nos llamó a abrir una iglesia nueva en una isla. Le dijimos a nuestra hija, que saldríamos como misioneros otra vez, a vivir en otra isla para plantar iglesias, ella lloró y se negó a que la saquemos de su isla porque fue ahí donde nació y era un llanto tan duro que no podíamos entender, “¡no me saquen de mi isla!”.
Porque era pequeña, podíamos decir: “vámonos y punto”, porque teníamos autoridad sobre ella; pero es fundamental tener en cuenta la opinión de los hijos, porque no es “vamos porque lo digo”, tenemos que hablar con la familia, todos somos misioneros, todos salimos a la vez y todos nos vamos, siempre con el consentimiento de todos.
Era muy difícil salir en ese momento al ver a nuestra hija llorar por su isla, y oramos por ella durante un año. Entonces lo que hicimos cuando ella lloraba fue decirle: “Stephanía, tranquila.
Está bien, seguiremos orando”, y ella se consoló. Al año nos dijo: “Papá, mamá, cuando quieran, nos vamos de esta isla”. La quisimos convencer que en la otra isla había más cosas, más ventajas, pero nada de esto funcionó.
Respeten los tiempos de Dios, de tus hijos, oren y no los presionen.
Rodolfo Guzmán, misionero en las Islas Canarias, España
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