La misión como discipulado

movilización
Resumen

¿Estás capacitando a otros para participar en la misión de Jesús en el mundo?

Fuente
Revista VAMOS

Conducir a otros a seguir a Jesús no es una tarea mecánica de reclutamiento en que se lleva a la gente a una relación fácil e irreflexiva. Ni es un ejercicio intelectual, en que se convence a los demás a las pretensiones de verdad de las enseñanzas de Jesús y se les lleva a dar a ellas un asentimiento intelectual.

Seguir a Jesús no se basa en slogans religiosos baratos, en la táctica psicológica, ni en el lavado de cerebro evangelístico. Tampoco se fundamenta en la asimilación de complicadas formulaciones teológicas.

Seguir a Jesús y conducir a otros a que lo sigan es un proceso continuo basado en una relación personal efectiva con Él. Esto implica, por supuesto, una comprensión básica de quién es Jesús, qué hizo y a dónde quiere conducirnos en la vida. Implica el desarrollo y ejercicio de métodos eficaces de comunicación. Pero la clave de este proceso de dar y tomar, de recibir y transmitir, es la autoridad y presencia eficaz de Jesús mismo en nuestra vida.

Pero esto quiere decir que nosotros mismos estamos obligados a recorrer con él todo el camino y enseñarles a los demás a hacer lo mismo. La promesa de Jesús carece de eficacia si no nos sometemos constantemente a Su señorío. Los discípulos que formemos resultarán ser espurios e inservibles si no les enseñamos a estar continua e incondicionalmente comprometidos con el estilo de vida de Jesús.

El llamado al seguimiento tiene un objetivo fundamental: la participación en la misión de Jesús. Esta misión se describe con las imágenes de la pesca. «Vengan conmigo y los haré pescadores de hombres.» ¿Qué significa esto?

De modo que hacer discípulos no es simplemente conducir a los hombres y mujeres a seguir a Jesús, sino también capacitarlos para convertirse en canales de Su gracia. La solución a la actual crisis de misión en la Iglesia no se halla en la Iglesia misma; no se halla en programas más pertinentes, métodos y técnicas actualizados, eficiencia y talento de su liderazgo ni en el regreso a las pautas antiguas de vida y ministerio.

La solución de la situación actual está más bien en una renovada inserción en la misión de Jesucristo. Se halla en la disposición de la Iglesia a humillarse ante él, en Su disposición a dejarlo tomar el control de Su vida y ministerio, a dejarlo fijarle Su agenda
misionera y transformar a Sus miembros mediante el Espíritu en casos eficaces de Su gracia.

Elsie Vega en https://elpuntocristiano.org/