
Barreras a Brincar en la Movilización
Dios le reveló a Moisés su propósito: liberar un pueblo, Su pueblo. Moisés es un misionero ejemplar. Pero como todo ser humano ante la misión él se resiste reiteradamente a los cambios y a hacer suyo el plan de Dios, a través de una serie de pretextos:
¿Quién soy yo para que vaya a Faraón?
Si ellos me preguntaren tu nombre, ¿qué les responderé? Ellos no me creerán, ni oirán mi voz; porque dirán: No te ha aparecido Jehová.
¡Ay, Señor! nunca he sido hombre de fácil palabra
¡Ay, Señor! envía, te ruego, por medio del que debes enviar. En paralelo, la iglesia de hoy se resiste a la misión que Dios nos ha dado, también a través de una serie de pretextos:
Ya somos una iglesia misionera, tenemos obra en tres lugares a nuestro alrededor. Pero Dios desea que vayamos hasta lo último de la tierra (Is. 49:6).
¿Por qué pensar en ir a un lugar lejano si aquí hay tanta necesidad? Qué bueno que los apóstoles no pensaron así, porque sino nunca hubieran salido de Israel. En América Latina, el promedio de cristianos es de uno por cada 15 habitantes, mientras hay países en otros continentes donde hay sólo un cristiano por cada 43,000 habitantes. ¡La necesidad allá es mucho más apremiante!
¿Esa gente jamás llegará a nuestra iglesia? Pensar de esa forma es como levantar su propio reino, pero no de levantar el Reino de Dios. Pablo recorrió una buena parte del norte del Mediterráneo, Pedro fue a la capital del hoy llamado Irak (1 Ped. 5:13), en India está el mausoleo de Tomás; Marcos, fue el fundador de lo que hoy es la Iglesia Copta en Egipto.
Ellos no buscaron lo suyo propio, sino tenían en mente el construir el Reino.
Ocupamos todos nuestros recursos en: construir, ampliar o mejorar el templo, u otros motivos similares.
¿A Dios le importará más un edificio u otras cosas materiales que las almas que se pierden sin conocer la salvación que Dios preparó para ellos a través de la muerte de Su unigénito? (Hech. 7:48-51)
No tenemos recursos para hacer misiones: nuestro presupuesto no puede cubrir nuestras propias necesidades. Esta mentalidad es similar a la de los 10 espías que regresaron de ver la tierra prometida con complejos, mientras los otros 2 espías animaron al pueblo a levantarse y conquistar, a pesar de sus limitaciones (Num. 13:30). Por algo, Jesús dijo: Toda potestad me ha sido dada en el cielo y en la tierra, por tanto, vayan… Muchas veces en las iglesias se desafía al pueblo a dar por fe, pero cuando se trata de que los líderes lo hagan, la cuestión es diferente.
En lugar de enviar obreros desde tan lejos que tengan que aprender un idioma y una cultura diferentes a los de ellos, ¿por qué no dejar que la gente que está cerca los evangelice? Suena lógico, pero en miles de casos, no hay cristianos al alcance de quienes no han oído.
Moisés pasa de ser un creyente resistente a un creyente comprometido con su misión.
Cumplamos la voluntad de Dios, seamos una iglesia comprometida con la vida, obra y tarea de Jesucristo su Señor y Salvador, tome su lugar activo en la evangelización del mundo entero, Rom. 15:20 21: “Aquellos a quienes nunca les fue anunciado acerca de él, verán; Y los que nunca han oído de él, entenderán.”
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