
Asumí que los problemas familiares y la educación de los hijos eran responsabilidad de la esposa.
Pusé el ministerio sobre la familia, porque creía y sigo creyendo que cuando me comprometo con Dios y me sacrifico por él, Dios proporcionará todo lo que necesitamos como familia (Mt. 6: 25-34).
Sin embargo, con el tiempo descubrí que nuestra familia es parte de nuestro ministerio; los misioneros debemos ser conscientes de que la familia es parte de la misión misma. No solo porque la misión puede fallar cuando una familia enfrenta problemas, sino porque Dios nos ha dado a los hijos para ser cuidados y ministrados.
La pregunta, ¿cuál debe ser mi prioridad, la misión o la familia? No tiene respuesta fácil. La educación de los niños debe ser una responsabilidad compartida. El sacrificio desproporcionado de un cónyuge conduce a dificultades a largo plazo.
La adquisición del lenguaje y la adaptación cultural son esenciales para que las esposas misioneras tengan ministerios saludables a largo plazo.
Segundo, los hijos son compañeros de trabajo. Ellos son una bendición y una carga para los padres misioneros, como cualquier otro niño lo es para sus padres, pero no deben ser víctimas del compromiso y sacrificio de sus padres. Los padres deben ayudar a sus hijos a desarrollar una "identidad misionera" apropiada para su nivel de comprensión y madurez. Los hijos necesitan que se les enseñe y se les debe recordar el valor y el significado de sus sufrimientos y dificultades.
Tercero, transmitir valores bíblicos y la "competencia cultural" es responsabilidad de los padres. Los padres deben ayudar a sus hijos a desarrollar las habilidades necesarias para adaptarse a la sociedad en la que viven, y comprender su identidad.
Al enseñar respeto y aprecio por las diferentes culturas, los padres deben enseñar a sus hijos a discernir qué aspectos de cada cultura son o no compatibles con la Biblia. Los padres deben simpatizar con el sufrimiento de sus hijos y no dar por sentado su adaptabilidad. Necesitan escuchar sus historias y luchas únicas.
Las familias misioneras no son radicalmente diferentes de otras familias cristianas, que también enfrentan problemas y desafíos, pero por la gracia de Dios, cada generación sucesiva de cristianos construirá sobre las virtudes de la generación anterior para que las generaciones posteriores sean más saludables y estén mejor equipadas para servir en la tarea de la gloria de Dios.
Daniel y Estefania, misioneros sirviendo en el Medio Oriente
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