La historia de Irene: Dando en medio de la pobreza

La historia de Irene
Resumen

Irene es de una región Indígena llamada Sumpango, de la etnia Cak-chiquel. Ellos se dedican fundamentalmente al cultivo de vegetales, comercio y a las artesanías.

Fuente
Revista VAMOS

Cuando Irene terminó sus estudios en el seminario, tenía claro que Dios le estaba llamando a servirle en el campo misionero.

Ella formó un equipo clave en su Iglesia que le apoyara en las actividades y que oraran por ella. Realizó actividades para levantar fondos: pidió permiso para vender comidas todos los domingos después del culto y también vendieron productos de limpieza.

Un domingo por la noche era el servicio de envío o de recomendación y en la Iglesia, había más de 800 personas. Sabían que Irene saldría pronto, pero no que ese era su último domingo en la Iglesia. Antes de pasar a predicar, Irene se acercó y me dijo: “Hermano Obed, me voy este viernes y aún no he pagado los boletos del avión, ¿qué hago?”

Después de predicar, le conté a la congregación la situación que tenía nuestra hermana. Pregunté cuántos sabían que Irene estaba lista para ir al campo de Misión y casi todos levantaron las manos. Pregunté de nuevo: “¿Cuántos saben que le toca salir este viernes y aún no ha pagado los boletos?”. Un silencio profundo llenó el auditorio. Entonces dije, “no me respondan ahora, van a responder en las canastas de la ofrenda, vamos a levantar una ofrenda para los boletos de avión de la hermana, ¡amén!”. La respuesta fue un tímido amén de algunos fieles. Los diáconos pasaron a recoger la ofrenda y muchos de nosotros teníamos dudas, ¿y si no se levantan los fondos? Irene no va.

El tesorero se fue a contar la ofrenda y durante el tiempo de anuncios vino corriendo y con una cara de asombro dijo, “hermano, Irene sí se va”. Me dio el monto de lo recaudado y lo anuncié. Les dije: “Hermanos, ¡Irene se va!”. El auditorio estalló en aplausos.

Lo recaudado superaba lo requerido para los boletos aéreos que costaban alrededor de $2,000. Sucedió en un lapso de 15 minutos.

Pero la historia no termina allí. Irene fue al campo y una de las actividades en las que servía era apoyar a unos doce niños en sus estudios en una pequeña escuela. Ella escribió una carta a sus líderes en su país, contándoles sobre el clima del lugar y les pidió ayuda para que le envíen un ventilador que refresque el ambiente.

Uno de los líderes decidió que él personalmente iba a ofrendar para esta necesidad. El hermano no había leído bien la carta: Irene pedía un ventilador pero él envió una ofrenda para doce ventiladores, es decir, un ventilador para cada niño. Nos causó mucha risa, pero a la vez, sorpresa. Yo decía para mí mismo: “Estos hermanos sencillos, de una región humilde, que se dedica a cultivar vegetales, en donde muchos piensan que son muy pobres, ¿cómo pueden ofrendar así? ¿Y con gozo?”

Desde ese entonces cuando visito algún lugar y me dicen que no pueden levantar fondos porque son muy pobres, yo les digo: Déjenme contarles una historia… la historia de Dios en la vida de Irene.

Por Obed Cruz, coordinador de la región México y Centroamérica con SIM

 

 

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