
Beatriz solo tenía 13 años, y Marcos, 16, cuando empezaron su entrenamiento para servir como traductores de la Biblia en el extranjero. Algunos podrían haber dicho que eran demasiado jóvenes para saber cómo querían pasar el resto de sus vidas, pero su visión era clara.
“Vi la necesidad – más de 5 mil millones de personas no tienen la versión de la Biblia en su propia lengua”, dijo Marcos.
“Amo tener la Biblia en español. Aunque hablo inglés y portugués, leí la Biblia en español y profundizo en esta”.
Los dos terminaron en el mismo programa para adolescentes cuya misión es capacitar a la próxima generación de servidores transculturales latinoamericanos. No es exactamente la experiencia adolescente más convencional, pero a ambos les encantó.
“Cuando Dios me llamó a hacer esto, fue muy claro que quería esto para mi vida.
Así que para mí, la mayor parte del tiempo fue muy divertido”, dijo Beatriz. “Fue agradable porque no estaba sola; éramos un grupo de adolescentes haciendo la misma cosa juntos, con el mismo objetivo”.
Los dos se conocieron cuando Beatriz regresó de su entrenamiento en Ecuador, a casa para una breve visita. Al año siguiente a Marcos le tocaría ir a Ecuador mientras Beatriz acababa su estancia.
Un año más tarde, sin embargo, terminaron viajando juntos a Sudáfrica para estudiar inglés como parte de su formación. Allí comenzaron a salir y luego de un año, se casaron.
Los dos han estado viviendo en Asia central durante los dos últimos años, centrándose en aprender el idioma antes de profundizar su trabajo de traducción para el grupo minoritario Cheuasai.
En una reciente visita a otro grupo minoritario en una remota región montañosa, vieron a la gente adorando a Dios en su propio idioma y en su propio estilo, vistiendo ropas tradicionales. Ellos sueñan con ver a la gente Cheuasai experimentando a Dios en su propio idioma también.
Beatriz y Marcos pronto entrarán en su trabajo de traducción, haciendo encuestas de su idioma al pueblo Cheuasai, comprendiendo los diferentes dialectos, y viendo qué sería lo más relevante para este pueblo.
“La Biblia necesita estar en un lenguaje que la gente respete”, dijo Marcos. “El proceso de traducción está cambiando un poco, estamos dejando que la gente decida lo que quiere, y eso le damos”.
Todo el proceso está enfocado en las relaciones con individuos y comunidades que ayudarán a traducir y a probar la Biblia mientras el texto se une lentamente en un nuevo idioma. “Fomenta la confianza en las personas que están sirviendo”, comentan los esposos.
Han visto casos en los que la gente ha traducido la Biblia sin una relación con el grupo de personas que están sirviendo. “Ellos [el grupo de personas] no aceptan el libro; no es algo que les interese porque realmente no conocen a la gente que lo tradujo”, dijo Beatriz.
A pesar del tiempo necesario para traducir la Biblia – hasta 20 años dependiendo de varios factores –, Beatriz y Marcos están listos. Será la culminación de años de entrenamiento y la razón por la que empezaron tan temprano — querían tiempo para invertir en este trabajo.
“Hay cosas que sólo puedo expresar en mi propio idioma. Así que siento que la gente debería tener el mismo privilegio que yo.
Alguien lo hizo por nosotros, así que ¿por qué no hacerlo por alguien más?”- dijo Marcos- “No me imagino haciendo otra cosa. Me encanta. Es difícil, pero es hermoso”.
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