
El modelo del Nuevo Testamento es que los miembros de la iglesia hagan el trabajo de la misión y el ministerio. Los líderes (pastores, maestros) equipan a los santos para la obra del ministerio. Entonces, la responsabilidad es mutua, solo cuando ambas partes asumen cada uno su rol fiel e idóneamente, cumplimos con la misión de Dios.
La iglesia en América Latina ha estado creciendo de manera aislada, con esfuerzos misioneros parciales o sólo locales, muchas veces estos con una sana intención pero que han llevado al desgaste de sus miembros y al celo denominacional. Entonces en la actualidad, en lugares donde ya el Evangelio ha sido anunciado existe una sobrepoblación de iglesias de diferentes denominaciones y escaseando iglesias en otros lugares con necesidad de escuchar el Evangelio, esto se da aún en el ámbito local. Esta actitud y visión limitada son un obstáculo para el avance mundial.
“En Chile, nuestra historia nos lleva a la plantación de iglesias confesionales con una clara determinación de fundar iglesias con dogmas y credos estables, sin considerar la posibilidad de salir al resto del mundo y llevar el Evangelio. Nuestras iglesias fueron fundadas con una visión localista, con un alto sentido que ‘necesita recibir’ y no dar”, dijo Carlos Contreras, chileno, comunicador, pastor y misionero sirviendo con Provisión.
El mensaje que la iglesia en América Latina comunica al mundo aún no es completo. Aún cuesta mostrar el Evangelio práctico en el día a día.
“La iglesia que aporta a la sociedad, abre una escuela o un comedor infantil, pero no hay un compromiso serio en el sentido de unirse a sociedades de fomento o barriales, a participar del comité directivo de hospitales, cooperativas, etc.
porque eso sería ‘un trabajo que no corresponde a la iglesia’ o ‘involucrarse demasiado con el mundo’, hay intentos personales, pero no a nivel eclesial o denominacional”, dijo Víctor Gómez, traductor bíblico en LETRA Paraguay.
En nuestras iglesias aún necesitamos aprender a compartir nuestro pan con la sociedad, tal como lo hiciera el muchacho que ofreció sus cinco panes de cebada y dos pececillos.
“Los discípulos pensaban que satisfecha la necesidad espiritual otros podrían suplir la necesidad material. Generalmente hay dos cosas que hacemos cuando vemos la necesidad del mundo. Por un lado decimos alguien lo hará.
Algún otro va a realizar la otra parte. Jesús nos dice: “Denles ustedes mismos de comer” y nos quiere llevar por otro camino. Otras veces el Señor coloca algo para realizar en nuestro corazón pero nosotros sólo vemos los obstáculos y problemas. No vemos los recursos ilimitados de Dios.
“La misión es de todos lados y a todas partes. Debemos cuidarnos de no estar centrados en nosotros mismos a favor de la institución olvidándonos de las necesidades menos alcanzadas de los no alcanzados y menos evangelizados. El Señor está llamando a otras etnias para que también sean Su pueblo. El Señor invita a Su Iglesia a participar con Él”, dijo Carlos Scott de Misión Local y Global (GloCal).
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