
Escuchemos a tres seminaristas y su profesor, mientras juntos discuten el concepto de mentor. El profesor Jaime es además un respetado y exitoso pastor. Guillermo estudia para pastor y a la vez trabaja como contador. José está cursando su último semestre y es pastor de jóvenes en una iglesia local: es un tipo atlético y serio. Susi está en su segundo año y es una chica muy vivaz y graciosa. Los cuatro se encuentran en la sala de conferencias, luego de su clase con el profesor Jaime:
-¡Oye! Esto es como tratar de agarrar humo-, dice José, inclinándose hacia delante.
-No me gustan las ambigüedades y toda esta idea de las relaciones me suena muy ambiguo. Si esta cuestión sobre los mentores no se me aclara ya, creo que me marcho pronto. Lo filosófico me aburre.
Jaime comienza a dar una explicación, cuando Guillermo irrumpe. -No tanto José. Creo que ya capto un poco por dónde va lo de Jaime. La idea de las relaciones es difusa hasta que no nos metemos en el asunto. A medida que una relación avanza, deja poco a poco de ser una idea, y se vuelve una realidad.
Guillermo hace una corta pausa y continúa. -De hecho, mientras más larga y profunda es una relación, más concreta se vuelve.
-Me suena a que no existe un sistema rápido para formar líderes -, dice Susi. José se ríe y añade -Y a mí me suena a que tú ya estás llegando al punto, Susi.
-Okey, Jaime, parece que ya entiendo un poco-, dice José. -Pero, tengo una pregunta. Tú nos habías dicho que es fácil, pero establecer relaciones no es fácil, ¿cómo encajas esto con lo que nos habías dicho de que el proceso de mentores es algo básicamente fácil?
-José, yo no dije que fuera fácil. Dije que era simple. Quiero decir simple en su idea básica. El proceso en sí no es fácil en absoluto, porque la gente es compleja con toda clase de problemas.
-¿No hay atajos? - pregunta Susi.
-¡Oh, sí! Hay uno. El que muchos emplean en la preparación de líderes. Es fácil, más rápido y no representa peligro alguno para el ego de nadie. Manden a la gente a tomar una serie de cursos. Ya se mencionó antes. -¡O algo aún mejor! -dice Susi con sarcasmo. -¡Que reciban cursos on-line! José comenta, siguiendo la misma tónica: -Así ganan sus créditos y su título sin tener que interactuar con nadie. Tienen prueba de su preparación para el liderazgo, la enmarcan y la cuelgan en la pared.
Guillermo murmura algo no muy bajito para que todos escuchen, -Ah, José ya lo va captando. Los cursos, créditos y diplomas no son atajos. Son formas que permiten a ambas partes, el líder y el estudiante, evitar el proceso de relacionarse, porque toma tanto tiempo y es una amenaza a los egos. Este tipo de preparación puede ser bueno, pero deja algo fuera.
-¡Sí! – exclama Susi, -¡Lo que deja fuera es el Cristianismo!
Todos se ríen, Jaime pone las manos en la mesa, para llamar la atención del grupo. –Tal vez lo han exagerado un poco, pero casi es así. Quedan fuera el alma y corazón del Cristianismo… ¡las relaciones! ¿Y cómo queda un cuerpo sin alma ni corazón?
Todos, a una voz, contestan, -¡MUERTO!- Otra vez, se les escucha reír.