
Dios se deleita en llamar a sus hijos de maneras únicas y personales. Él no usa una plantilla de molde o una fórmula de 10 pasos.
Antes de conocer sus llamados únicos, Dios siempre provee más llamados generales a Su pueblo – llamados para salvación, santidad y obediencia. Si nos perdemos estos, nunca oiremos los más personales y peculiares llamados de Dios.
Oír un llamado al ministerio no es una medida de compromiso espiritual.
El llamado no es un estado para lucir. El responder a un llamado siempre requiere el hacer.
Ser llamado no es un reflejo de superdotación. El llamado es más que la suma de nuestros dones.
Está debidamente tallado para incorporarse tanto a los propósitos de Dios como a nuestras pasiones.
Por Gary Corwin, en su editorial “Llamado y Carácter”, publicado en Misiones Evangélicas Trimestrales.
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