
“¿Cómo horneas un pastel sin un horno?” Me preguntaba a mí misma frente a una audiencia de 14 mujeres, a la espera de un milagro.
El año pasado, Dios me guió a empezar un negocio de repostería que enseñaría a las mujeres a hornear, vender utensilios de cocina, promover amistades y proveer una oportunidad de ingresos.
Esto sería lo que se le llama un “negocio como misión”, conocido también como “negocio para transformación” ya que el principal objetivo es que Dios use el negocio para transformar vidas individuales y la sociedad para Su gloria.
En una de mis clases, giré hacia mi horno, ajusté el regulador de temperatura y luego, las luces se fueron. El salón completo quedó en silencio. Miré a mi anfitriona, quien había reunido a todas sus vecinas para la clase, para buscar una solución.
Después de 5 minutos, empezamos a preparar la mezcla del pastel, pero aún no había electricidad.
“¿Qué vamos a hacer?”, murmuré. “Podemos orar”, escuché decir a alguien atrás. No estoy segura si vino de una de mis dos amigas creyentes o si de una de las damas musulmanas. Alguien más comentó que algunas veces la electricidad no regresa por muchas horas.
Ya habían pasado 10 minutos; la mezcla estaba lista. A pesar de que era una clase para principiantes, todos podían adivinar que el siguiente paso era ponerlo en el horno, el cual estaba frío y apagado.
Miré otra vez nerviosamente a mi amiga, incapaz de ocultar mi desesperación y miedo al ver que nuestros esfuerzos por construir en la comunidad habían fracasado.
Pronto, lo mismo ocurriría con mi pastel. Silenciosamente ella levantó sus hombros como si preguntara qué podemos hacer.
Todos esperaban que yo hiciera algo. ¡Estaba paralizada! Junté mis manos y levanté mi rostro hacia arriba. No pretendía hacer una demostración de oración; estaba muy desesperada. “Oh Señor, POR FAVOR”, salió de mis labios.
¿Lo creerías? ¡En ese instante, la electricidad regresó! Pude escuchar el aliviado suspiro de todas; ellas habían estado preocupadas, también. Dos de las damas susurraron: “Oró y las luces regresaron”.
La clase finalizó con un delicioso y HORNEADO pastel, nuevas amistades y promesas de regresar a la siguiente clase.
Amo las maneras creativas en las que Dios hace Su Nombre conocido. ¡Para la mayoría de las mujeres que asistieron a clase ese día, fue la primera vez que escuchaban una oración al Dios vivo y que lo vieran responder tan rápida y específicamente!
¡Gloria al Dios que escucha oraciones!
Alison, sirviendo en el Sudeste Asiático
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