Aprovechar las oportunidades que Dios nos da

Aprovechar las oportunidades que Dios nos da
Resumen

Llegar al hospital para un turno es siempre involucra algo desconocido.
¿Cuántos pacientes han sido admitidos?
¿Cuán enfermos están y quién estará trabajando contigo?

Fuente
Revista VAMOS

A veces, si trabajaste el día anterior, asumes que algunos de tus pacientes todavía estarán esperándote. Esto me pasó en un turno nocturno de 16 horas con un paciente de 25 años (a quien llamaré Grace).

Grace era la más enferma entre todos mis pacientes.

Requería dos transfusiones de sangre y también diferentes antibióticos aplicados a distintas horas de la noche.

Empecé mi turno hablando con cada paciente y los familiares que los acompañaban, y preparando los medicamentos. El tiempo de dar la medicación es de mis momentos favoritos: me da oportunidad de conectar con mis pacientes y llegar a conocerlos, orar por ellos o solo proveer para alguna necesidad que tengan.

Grace tenía múltiples medicaciones que debía tomar en un horario de 6, 8, 10, 12 y además algunos otros en distintas horas. Estaba con oxígeno y le era difícil respirar. Se le dificultaba estar cómoda o dormir, y pasaba la mayor parte de su tiempo sentada en un extremo de la cama.

Cada vez que entraba a su cuarto, me preguntaba cosas sobre la fe o quería discutir el poder de la oración.

Mientras chequeaba sus signos vitales e iniciaba su transfusión de sangre, conversamos de varios temas y estaba claro que, aunque estaba muy enferma, tenía mucha esperanza en que se curaría y podría volver a su vida normal algún día.

Alrededor de la medianoche, volví para colocarle otro antibiótico y mientras terminaba, tomó mi mano y dijo “tienes que orar conmigo”.

Oré con ella y cuando salí del cuarto, estaba honrada de que Dios la haya usado como un recordatorio de que había perdido la oportunidad de decir una oración con cada uno de mis pacientes antes de que se fueran a dormir.

Me dirigí a la estación de enfermería a terminar mi papeleo. Cada 15 minutos, me levantaba y volvía con Grace para ayudarla o revisar el progreso de las transfusiones de sangre. Entre esas visitas, pasé tiempo orando por cada paciente y por mis compañeros de trabajo.

De pronto, ya eran las 5am, y mientras el sol salía y la guardia seguía, Grace enfrentó su propio reto, teniendo que tragar 10 tabletas grandes con su desayuno.

Firmé las tablas de mis pacientes y antes de irme, caminé alrededor de cada uno para despedirme y recordarles que estarían en mis oraciones.

Cansada, pero agradecida, dejé el hospital y me topé con un gran tráfico mientras me iba a casa para prepararme el desayuno. Al pensar en mi turno, me sentí honrada por la forma en que Dios usó a Grace y a los otros pacientes para recordarme que usara las oportunidades que él me da.

Desafortunadamente, una semana después Grace murió.

Aunque lamentamos la pérdida de una vida a una edad tan joven con su familia, me siento confiada en que después de muchas conversaciones con Grace, ella está con su Señor y su Salvador y libre del dolor que tanto había sufrido en esta tierra y esto me trae una gran paz.

Alicia Oakley, extraído y traducido de SIM Canadá

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