
Desde muy pequeño, David terminó en una silla de ruedas como resultado de la Polio. Hace dos años, asistió a una conferencia de entrenamiento del Amigos del Deportes en Nigeria, donde fue desafiado e inspirado. Él sintió que Dios lo estaba guiando a usar el fútbol como plataforma para llegar a los jóvenes. Sin embargo, cuando salía del entrenamiento del ministerio de deportes, las dudas comenzaron, “Dios, ¿cómo puedo entrenar a un equipo? Nunca he jugado al fútbol.” Después de luchar con Dios, David siguió fielmente la dirección del Señor y comenzó un ministerio de fútbol para los niños.
David se transporta por si mismo cada semana a la práctica de fútbol en una silla de ruedas personalizada que él pedaleaba con sus manos. Al principio, los chicos vinieron y las cosas iban bien. Pronto, sin embargo, uno de los muchachos le dijo a David, “No puedo jugar para ti. ¡Estás en una silla de ruedas y no puedes incluso ni jugar!” El chico dejó el equipo. David estaba muy herido. Aunque fue difícil, David continuó amando a este chico y se mantuvo fiel al ministerio que Dios lo había llamado. Después de muchas semanas, este muchacho que había disciriminado a David regresó y le pidió disculpas a “su entrenador”, y fue recibido de nuevo por el equipo.
David se enfrentó a otros retos, también. Su equipo era una mezcla de cristianos y niños no cristianos. Al principio él llamaba principalmente a los niños cristianos para orar, pero esto molestó a un número de los otros chicos, así que comenzó a invitar a los niños que estuvieron dispuesto de hacerlo. Durante este tiempo, los chicos comenzaron a ver y entender el poder de la oración. Un día, David se olvidó de orar antes de comenzar el entrenamiento. Y uno de los muchachos no cristianos se molestó y le dijo: “Usted está dejando al diablo dentro por no orar.” David se alarmó pero también estaba contento de que el chico se diera cuenta.
David ha seguido fielmente amando y discipulando a estos chicos desde hace meses. Con el tiempo, ha sido capaz de compartir con ellos el amor de Cristo. Siete de estos chicos ahora han puesto su fe en Cristo, incluyendo el chico que al principio discriminó a David. Desde su silla de ruedas, David ha desafiado a muchos otros entrenadores aptos para desarrollar los programas del ministerio de deportes.
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