
La biblioteca principal del campus en esta universidad china está llena. Apenas hay algún asiento vacío. Pilas y pilas de libros forman barricadas alrededor de los estudiantes. Tazas vacías de té ensucian las mesas, las mantas se arrojan sobre el respaldo de las sillas, y una estudiante incluso ha traído una pequeña planta para mejorar su pequeña estación de trabajo.
Nunca he visto algo como eso.
En esta ciudad de cien universidades, esta es una vista común. Thomas, que ha vivido en China durante la pasada década me cuenta, “Hay tantos estudiantes y tienes que competir para estar en la cumbre. Hay un sentido de que no puedes descansar. Hicimos un ejercicio en la clase acerca de la salud mental y lo que resultó fue que la vida los presiona demasiado”.
Me dicen que los estudiantes han estado estudiando de esta manera – tensos y ansiosos – durante casi toda su vida. En China, los estudiantes pasan años preparándose para un examen, llamado el gaokao, al final de la secundaria que determinará el resto de sus vidas.
¿Suena dramático? Lo es, pero no hay exageración en esa declaración. (Se especula que el gaokao es el examen más difícil del mundo.)
Aprobar exámenes y hacer dinero podría ser la meta, pero la motivación subyacente es todo acerca de la familia. Honrar a la familia se valora mucho, así que hay poco espacio u oportunidad para cuestionar reflexivamente las altas expectativas de sus mayores.
“Existe esta sensación de desesperanza por toda esta presión. Pero nunca lo sabrías, estos estudiantes son tan encantadores”, dice Thomas.
Visito un estudio bíblico semanal que está abierto tanto para creyentes como no creyentes. Este tipo de espacio es vital en el alcance en el campus, no solo porque es un espacio para que la gente hable acerca de Dios y del cristianismo, sino porque les ofrece a los estudiantes una pausa de lo académico.
Los clubes de inglés son de la misma manera – la que visitamos está organizada como un café, con bastantes sofás y mesas bajas que se usan mejor para la conversación y la buena compañía, sin libros de texto ni tarjetas didácticas.
“Comprendemos que a la gente les toma tiempo vencer los obstáculos hacia el cristianismo, así que solo tratamos de proveer un ambiente donde semana tras semana, tengan un ambiente de soporte para experimentar la comunidad cristiana,” dice Thomas.
Thomas no está tratando de forzar el cristianismo en sus estudiantes, ni les están pidiendo que rechacen las expectativas de sus familias. En cambio, están tratando de hacer un espacio para que los estudiantes descubran lo que quieren de la vida, y no lo que se les dice que hagan.
Thomas lo llama “el valor de la integración”, significa que los cristianos no solo hablan del amor de Dios, sino que lo viven. Como profesor en el campus, él dice, incluso tratar a los estudiantes con justicia e igualdad es un cambio de lo que generalmente experimentan.
“Invito a los estudiantes a mi casa, y eso tiene un impacto. Crea un sentido de apertura. Si puedes abrir tu casa y proveer un sentido de calidez y familia, eso es realmente maravilloso para ellos”, dice él. Varios estudiantes incluso fueron a su casa por un evento navideño en el cual él compartió acerca del Evangelio.
“La gente sí llega a la fe, no cientos, pero algunos", dice Thomas. “Con frecuencia he hablado con personas que se han vuelto cristianas, no porque maestros extranjeros como yo los hayan guiado al Señor, sino porque se abrieron a Él”.
Por Violet Chiang, de SIM
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