
“Eres como una Frida Kahlo dominicana pero más cuerda y con más gozo”, le dijeron a Belisse Bernal, diseñadora
escenográfica y artista plástica en República Dominicana, ya que ambas habían sufrido y expresado su aflicción a través del arte. Como Kahlo, una serie de problemas de salud hicieron que Belisse pasara mucho tiempo postrada con terrible dolor físico.
Ambas tuvieron que instalar un caballete especial en sus camas para seguir pintando.
Pero las similitudes acaban ahí. Mientras que en sus fotografías vemos a Frida seria o con una media sonrisa, Belisse ríe ampliamente y sus rizos alborotados bailan mientras explica lo que Dios ha hecho en su vida. “El Señor utilizó el dolor para mostrarme que no hay manera de gozarse fuera del Evangelio”, dijo ella.
Belisse empezó a pintar desde los ocho, y desde su conversión, empezó a usar su arte para el Reino. Trabajó en centros de rehabilitación para mujeres, y ahí fue que se dio cuenta de que Dios la había llamado para las misiones y empezó a servir en Taiwán con JUCUM.
En Taiwán, Belisse utilizó su talento artístico para atraer a las personas y predicarles el Evangelio. Ella trabajó con universitarios, con jóvenes que habían sido prostituidas y ancianos que pasaban sus últimos días solos en asilos, pintando grandes lienzos, preparando utilería, creando decoraciones, dibujando pancartas, y más. El propósito de su arte siempre era apuntar a la cruz.
“Los taiwaneses conocían a Jesús como ‘el hombre de los huecos en las manos’. Nosotros les explicábamos el porqué de esos huecos”, dijo ella.
A principios del 2015 empezó una de las etapas más difíciles en su vida. Resultó que tenía una hernia discal en la columna. “Pensé que me iba a volver loca. El dolor era insoportable, no me permitía caminar”, agregó ella. A pesar de buscar tratamiento, la operación no funcionó. Pasó dos años enteros sufriendo constantes dolores. A pesar de haberse sometido a terapias, su cuerpo no encontraba descanso.
“El dolor es como un criminal que te acorrala, te lleva a una esquina y te dice ‘dame todo, pero también hace que tus fundamentos y todo lo que piensas de Dios salga a la luz”, confesó entre lágrimas.
Con el cincel en mano, el Señor comenzó una nueva obra en el corazón de Belisse.
Una obra dolorosa pero que le enseñaría y la transformaría como nada antes lo había hecho. “Me aferré a la Palabra, confiando en que cada una de mis aflicciones tenía un propósito. El dolor hizo en mi arte algo diferente”, recordó ella.
Ahora ella sirve de vuelta en República Dominicana mentoreando a jovencitas en las universidades y con su hermana haciendo escenografía, juntas crean escenarios para obras de teatro, conferencias, presentaciones de danza, y más, permitiéndoles hablar con muchas personas que no conocen a Dios.
“El arte es la puerta trasera a la razón. Busco plasmar las verdades de Dios y Su Palabra en cada pieza”, finalizó Belisse.
Dios usó a los artistas para construir el tabernáculo y el templo; usó las hermosas palabras de los profetas y los salmistas para revelarnos Su corazón. Hoy, Dios sigue usando los escenarios, lápices, y lienzos de artistas como Belisse para mostrar Su gloria y lo hermoso que Él es.
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