
Los sistemas y servicios urbanos como el agua potable, sanamiento, transporte público y caminos se congestionan cada vez más debido al crecimiento demográfico, comercial e industrial, junto con una mala administración urbana, poniendo en riesgo los recursos naturales como el agua, aire, bosques, minerales y tierra, vitales para el desarrollo económico de las ciudades y de futuras generaciones.
Cada vez nacen más ministerios con énfasis en esta problemática, promoviendo así la responsabilidad como cristianos de cuidar y promover el cuidado de nuestro hogar terrenal.
Como cristianos tenemos responsabilidad de cuidar nuestro medio ambiente, debemos de cuidar cada recurso que Dios nos ha provisto.
Esto está ilustrado en el Antiguo Testamento cuando Dios puso a Israel en la tierra prometida, una tierra fértil y abundante de leche y miel. Les bendijo con una tierra productiva, y les mandó que dejaran descansar la tierra cada siete años (Éxodo 23:10-11; Levítico 25:1-7).
Dios ordenó esto porque no quería que explotaran y extrajeran toda la vida de la tierra.
Si dejaban descansar la tierra cada siete años, esto aseguraría que se rejuveneciera y volviera a ser productiva en el futuro.
Cuando Dios le dio la ley a Moisés, Él les advirtió que si desobedecían, los quitaría de esa tierra (Deuteronomio 28). Tristemente, los hijos de Israel hicieron justamente eso y terminaron bajo justicia—las tribus del Norte cayeron ante Asiria, y Judá ante Babilonia.
En cierta forma Dios designó el cautiverio de Babilonia por más de 70 años para dejar descansar la tierra por todos los años que Israel violó la ley Sabática (Levítico 26:33-35; 2 Crónicas 36:17-21).
Entonces, hemos sido encomendados a tratar todo lo que Dios nos ha dado responsablemente. Pero, ¿cómo se relaciona esto con el ‘movimiento del medio ambiente’? Este movimiento está enfocado a preservar el planeta para siempre. Pero nosotros sabemos que esto no es parte del plan de Dios.
La tierra en que nosotros habitamos no es un lugar permanente. Es una tierra desechable—y va a tener una corta existencia. Ha existido por 6,000 años—es todo—y tal vez durará por algunos miles más. Y luego el Señor lo estará destruyendo.
Les he dicho a especialistas del medio ambiente que si ellos piensan que la humanidad está destruyendo el planeta, que se esperen a ver lo que Jesús va a hacer. Pedro dice que Dios, literalmente va a volverlo contra sí mismo como una implosión atómica para que todo el universo termine de existir (2 Pedro 3:7:13).
Esta tierra nunca fue planeada para existir para siempre—no es eterna. Y no tenemos que preocuparnos si ocurrirá en miles o millones de años, porque Dios va a crear un nuevo cielo y una nueva tierra. Entender estas cosas es importante para mantener un balance de nuestra libertad de usar y la responsabilidad de mantener la tierra.
Sin embargo, aunque esta tierra es nuestra casa temporal, debemos tomar el tiempo para disfrutar la belleza de Dios. Cuidar su jardín. Detenerse a oler las flores. Mantener y disfrutar los bosques. Dios creó esos lugares en este planeta para nuestra comodidad y para disfrutarlos. Debemos ser agradecidos.
Extraído de “El cristiano y el medio ambiente”, por John MacArthur
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