
El papa de Mimi murió cuando ella tenía 10 años y su familia se quedó sin nadie que proveyera para ellos.
Su mamá la envió a trabajar como empleada del hogar.
En su nuevo trabajo, Mimi era responsable de las tareas del hogar, pero en lugar de ser tratada amablemente, fue maltratada, mal alimentada y sexualmente abusada.
Escapó dos veces de los malos tratos y volvió a casa, pero fue enviada nuevamente a trabajar con otras familias. Cuando su tercer empleador falleció, Mimi no tenía cómo proveer a su familia y decidió trabajar en una fábrica de ropa.
Cuando llegó, ella no sabía que su compañera de trabajo en la fábrica y a la vez compañera de cuarto, era prostituta. Pero al darse cuenta de que lo que ganaba en la fábrica no era suficiente para alimentar a su familia, su compañera aprovechó la oportunidad para introducirla en el mercado sexual y así Mimi empezó una doble vida: trabajaba en la fábrica de día y en el burdel de noche.
Una noche, conoció un hombre en el burdel que prometió casarse con ella si dejaba ese lugar. Con esta promesa ella tenía la esperanza de que su vida mejorara. Pero eso no pasó. Su ahora esposo no proveía para ella y cuando quedó embarazada, de nuevo se encontró sin recursos para sobrevivir.
Atrapada en otra difícil situación, Mimi desconocía que el Dios que todo lo ve sí tenía una forma de proveer para ella. Hace ocho años comenzó un programa en la capital de Bangladesh que busca ayudar a las mujeres y niños en situaciones de riesgo. Además de ofrecer un refugio, les brindan capacitación.
Les proveen de cursos de habilidades como coser, hacer joyería y limpieza, que están relacionadas directamente con su futura empleabilidad. También les proveen de entrenamiento en habilidades de vida, como educación en valores, herramientas para los padres y clases de salud. Las mujeres en este programa reciben una remuneración para que puedan dejar su vida en las calles, rentar un hogar y proveer para sus propias necesidades básicas.
Cuando Mimi llegó a este centro, estaba embarazada y mal nutrida. Necesitaba ayuda, pero tenía muchas dudas de la gente cristiana que estaba allí. Toda su vida le habían enseñado que los cristianos eran inmorales, y que incluso si comía algo que ellos le daban, se iría al infierno. Pero por primera vez, Mimi empezó a experimentar el amor de Dios a través de la gente en este programa y eso cambió todo.
Hoy por hoy, va a los devocionales todos los días. Ella cree que Jesús es Dios y más poderoso que cualquiera de los profetas, y ha puesto su fe en Él. Cuando las cosas se ponen difíciles, Mimi recurre a Jesús y le pide al staff del programa que oren con ella.
Gracias al amor de Dios, que le fue mostrado a través de este programa, Mimi ha encontrado esperanza y alivio de lo que vivió en las calles duras de Bangladesh.
Por Bethany de SIM
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