
Cuando hablamos del individualismo, podemos distinguir que uno de los grandes cambios que ha tenido esta generación es su definición de “éxito”. Si bien es cierto hace muchos años atrás “éxito” podía ser considerado como tener un gran trabajo, alcanzar la estabilidad económica y formar una gran familia que aporte a la sociedad eran los grandes objetivos de la vida.
Ahora esta definición ha mutado, pero el trabajo en nuestra pirámide de prioridades o definición de “éxito” casi siempre ocupa el pico más elevado y muchas veces como iglesia caemos en medio de este pensamiento tan fuerte.
Tom Nelson, en su libro: “Trabajo y redención: Conectando tu adoración del domingo con tu trabajo del lunes” describe en algunas líneas una verdad que nos debería confrontar todos los días: “En medio del ritmo agitado de nuestras vidas modernas, no nos percatamos que Dios diseñó nuestro trabajo para que fuera un acto de adoración”.
Recordemos que trabajamos para un público de uno y que nuestros trabajos son también dados por el Señor y deben ser considerados no como el fin de nuestro éxito sino como medios o canales para extender el reino aquí en la tierra.
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