La salvación llegando a un alto costo

La salvación llegando a un alto costo
Resumen

Shindy, una niña birmana, padecía una enfermedad, y un chamán pensó que la podía curar con un poco de sangrado de un corte largo en el cuello.

Fuente
Revista VAMOS

El procedimiento casi la mató, y el corte no sanó bien, dejándola con dolor crónico en el cuello. Cinco años después la niña, que vivía en una zona remota del estado de Rakhine, seguía sufriendo cuando un misionero autóctono la invitó a ella y a otros jóvenes a una charla.

Se reunieron frente a la casa de bambú de otro cristiano. El aire montañoso de la aldea estaba lleno de humedad mientras el misionero les contaba cómo Dios creó el mundo y los primeros humanos, cuya desobediencia infectó con el pecado a todos los que vinieron después de ellos, lo que resultó en la separación de su Creador.

A Shindy le dolía el cuello mientras escuchaba cómo Dios envió a Su Hijo a sufrir la muerte en la cruz para pagar el pecado de la humanidad, resucitar de entre los muertos y reconciliar a Sí mismo a los que creyeron por fe.

El mensaje contradecía la creencia de su familia de que muchos espíritus terrestres debían ser apaciguados por sus propios esfuerzos. El mensaje del misionero le pareció verdadero y confió en Cristo en secreto, al igual que algunos de sus amigos, cutos padres eran devotos budistas.

Shindy le dijo al misionero: "Yo sabía que, si confesaba que era cristiana siendo adolescente, sería expulsada de mi hogar. Más tarde mi padre se enteró y dijo que no me tendría en la casa. Amé al Señor, así que me fui. Pensé: '"Esta bien mis padres me han abandonado, pero eso no es problema".

El misionero llevó a Shindy a un dormitorio en el instituto bíblico de su ministerio autóctono en Yangon (antes Rangún), un viaje de 18 horas en autobús por caminos tortuosos de montaña, lejos de sus padres, hermanos, otros parientes, amigos y el único lugar que ella había conocido. La palabra "fe" adquirió una dimensión más profunda.

El ministerio autóctono dispuso que los médicos trataran su cuello. Mientras estaba en el hospital, su padre llamó para decirle: "Hija, estás en el hospital y estás sufriendo, pero no vamos a verte. Eres cristiana, si mueres no nos importa".

La llamada la afectó. La angustia de su corazón juvenil fue templada, sin embargo, por un amor piadoso más allá de sus años, y su deseo de conocer a Jesús creció.

Después de la cirugía el dolor en el cuello disminuyó después de un mes.

"Oré por ella y la animé", dijo el líder del ministerio. "Ahora ya no le duele el cuello, y el médico dijo que está muy, muy feliz por eso".

La experiencia de Shindy no vino sin sufrimiento. No pudo terminar su educación en su aldea, pero a los 16 años está matriculada en el instituto bíblico.

"Hoy en día, los jóvenes en nuestro instituto bíblico son muy, muy jóvenes", bromeó el líder del ministerio. "Es un centro de capacitación no para entrenar a estudiantes brillantes, sino para entrenar a personas en el campo misionero, jóvenes que pueden servir a Dios".

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