
Sin duda alguna, vivir en el Medio Oriente es toda una aventura, tal cómo le pasa a Josúe y a muchos otros obreros en esta región.
“En varios áspectos es fascinante observar una cultura distinta a la mía. Hay muchas cosas que aprendes en un contexto musulmán. La religión rige varias áreas de la vida como la interacción entre personas del sexo opuesto, cómo se saluda a la gente, dichos que se dicen en varios eventos del día a día, etc”, dijo Josué.
Y aunque Josué creció en la cultura mexicana y norteamericana, inconscientemente tiende a comparar culturas, y a veces comete el error de juzgar qué aspectos de su cultura son mejores a la de la local.
“He tenido que aprender que la cultura aquí en Jordania es diferente, no es mejor ni inferior. Puede haber muchas cosas que me hacen perder la paciencia, pero son cosas que a veces pasan en mi país”, añadió él.
Josué también señaló que también hay retos, uno de ellos es lo complicado que es el idioma árabe. “Escuchar el llamado a la oración no es lo más complaciente. La soledad es muy palpable cuando se está lejos de casa, hay muchas cosas que extraño: familia, amigos, iglesia, eventos, comida, etc.
Pero sin duda alguna me siento muy privilegiado de estar aquí. Este lugar en muchos aspectos es bello, sus personas son bellas. No cambiaría por nada servir a Dios aquí durante este tiempo”, dijo él.
Para Josué, Jordania es su hogar; y la oportunidad de compartir con estas personas es una experiencia única. Simplemente está agradecido por este país, esta cultura y esta gente.
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