El evangelio que tiene que ser divulgado, creído y vivido

El evangelio que tiene que ser divulgado, creído y vivido
Resumen

Dios escogió primero a Abraham y estableció su pacto con él y su descendencia, a perpetuidad, como se lee en Génesis 17:1-9 y 22:17-18. Lo incondicional de ese pacto anticipa la reciprocidad del creyente Abraham, desarrollando en él la virtud y firme disposición de obrar la justicia de Dios y juzgar con rectitud delante de Él.

Fuente
Revista VAMOS

De hecho, la Gran Comisión de Jesús no es más que la reedición del mandato dado a Abraham. El evangelio que fue dado y proclamado antes que el Antiguo Testamento fuera escrito es las buenas nuevas de que hay un Creador, Justo y Santo que como padre nos ama con amor eterno y que nos prolonga su misericordia y nos llama a volvernos a Él (Teshuva=arrepentimiento), nos acepta, perdona y reconcilia con Él y con todo lo creado a través de un proceso de corrección de nuestro ser (ego) para que se refleje en nosotros la naturaleza otorgante y benevolente a cuya imagen y semejanza hemos sido creados.

Es así como la meta de esa reconciliación se evidencia en el amor al prójimo como a uno mismo de modo que sea “más bienaventurado dar que recibir”. Así que la proclamación o acto misionero, de cualquier sistema religioso o confesional que no llegue destilar y lograr esto, no es el evangelio… pues la Ley y los Profetas en esta sola sentencia se cumplen: “amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Lev. 19:18)

Ahora vemos que cuando Pablo, siempre como judío y fariseo confesó, antes de que el Nuevo Testamento fuese compilado, escribe a los judíos de Roma y afirma, "...no me avergüenzo del evangelio pues es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente y también al griego" (Rom 1:16), se está refiriendo al evangelio líneas arriba descrito.

El evangelio tiene que ser divulgado, creído y vivido; entonces todo el mundo religioso, no sólo el cristiano nominal, tradicional y diverso sino también el judío religioso tradicional y liberal, tiene que ser evangelizado; mucho más aún el resto del mundo secular.

Si aquello con lo que se pretende evangelizar a los judíos, no brota de la Torah de Dios, el corazón de las Escrituras, sino de contextos ajenos a los escritores bíblicos, y por tanto, ajenos a la Biblia; ese evangelio no es el evangelio de Dios. Ese evangelio no es sino proselitismo a una neo-paganización del Dios de Abraham, Isaac y de Israel; del Dios de quien procede, en quien creyó, a quien proclamó y por cuya obediencia murió Jesús; es una usurpación, o más bien, una suplantación de la fe y del evangelio del Jesús histórico y no válido para proclamar, demandar atención ni adoctrinar “a judío o griego”.

Dr. Apolos Landa, cristiano con trasfondo judío

 

 

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