Construyendo un ministerio de impacto

Construyendo un ministerio de impacto
Resumen

“A veces las cosas pequeñas hacen grandes diferencias o son ofensivas para el campo al que estás llegando, como la manera en que te vistes, o cómo saludas en ciertas comunidades”, dijo Pedro Hocking, fundador de la misión Segadores. El misionero tiene que abrazar y respetar la cultura del lugar a donde llega para alcanzarlos a través de ella (1 Cor. 9:20-22).

Fuente
Revista VAMOS

“Dios me llamó a trabajar con los Candoshi de la Amazonía peruana. La gran mayoría son monolingües, son una cultura alegre, expresiva y de carácter fuerte”, dijo Irma Espinoza, vicepresidenta de la Fraternidad Teológica Latinoamericana.

Antes de iniciar el ministerio se debe conocer distintos aspectos culturales, como costumbres y estilo de vida para no chocar con ellos, entender su corazón y estar listo para aliviar necesidades inmediatas.

“Un misionero tiene que ir, ganar la amistad y aprender el lenguaje antes que pueda comenzar a enseñar las verdades espirituales, eso les ayudará a entender el evangelio. Los misioneros tienen que estar comprometidos a largo plazo”, dijo Pedro.

Debemos anhelar ver iglesias levantadas en las tribus no alcanzadas de la selva para colaborar con ellos y terminar el trabajo que el Señor nos ha encomendado.

“Algo que aprendí en estos años de largo quehacer misionero es que el mundo no es un objeto estático que la mente humana confronta e intenta comprender, más bien el mundo es un proyecto no terminado en proceso de construcción”, dijo Irma.

Parte del ministerio en la selva involucra:

  • Entender y comprender la cosmovisión: Un principio fundamental es entender que Dios nos envía para comunicar Su mensaje liberador y que dignifique a la persona en su cultura
  • Construir una pastoral contextualizada: La compleja realidad cultural y social de las comunidades nativas nos invita a desarrollar esfuerzos misioneros que respondan a su contexto. Se requiere de una reflexión intercultural con parámetros transculturales.
  • Ayudar a construir comunidades sanadoras: Debemos reconocer el atropello cometido contra los pueblos y culturas indígenas. Negar esto sería faltar a la verdad. El arrepentimiento y la reconciliación entre estas dos grandes tradiciones deben ser un proyecto en el cual la Iglesia participe desde adentro e influyendo a la sociedad.
  • Reconstruir y/o reforzar la ética de grupo: Hacer misión entre ellos, es entrar a un contexto en el cual el sentido de comunidad es parte vital de la forma en como conciben el mundo, la vida y la sociedad. Sus normas y valores cristalizados por el evangelio sanador permiten restablecer un estilo de vida con dignidad.
  • Contribuir en la afirmación de su identidad étnica: La entrada del evangelio y de otros agentes de la sociedad ha dado pie a que las comunidades indígenas pierdan cada vez más su identidad cultural. Algunos piensan que el uso de plumas, sus danzas, y sus instrumentos musicales son del diablo.
  • Contribuir a su visibilidad en la sociedad: Esto tiene que ver con el deseo de acompañar a las comunidades y organizaciones nativas seculares y cristianas a tener una presencia más visible y de testimonio profético en la sociedad (Mat. 4:16). Es importante que juntos trabajemos en construir una nueva sociedad.

Aunque por más preparados que estemos y trabajemos arduo, no es suficiente usar buenos métodos bíblicos en la obra misionera. “Algo que nunca fallará para buenos resultados es la calidad de vida del misionero: Nuestro testimonio”, añadió Pedro.

 

 

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