
Era octubre del 2010, había llegado de Buenos Aires a Córdoba para trabajar con una familia en un lugar muy pobre llamado “Ojo de Agua” en Santiago del Estero, Argentina.
Al ver llegar niños descalzos a la Escuela Bíblica lloré, pues de casi setenta niños, veinte estaban descalzos.
Mientras hacía la obra en ese lugar, mi corazón ardía con la idea de calzarlos. Pero ¿cómo lo haría si no tenía los recursos? Comencé a orar y al mismo tiempo les pedí oración a mis amigos y hermanos de Chile para poner este desafío en las manos del Señor. Vale considerar que no tengo trabajo secular y que mi iglesia envía mensualmente una ofrenda para mis necesidades básicas y no alcanzaría con mis recursos comprar ni cinco zapatillas para ellos, pero sirvo a un Rey que es dueño del oro y la plata, el Creador del Universo y mis recursos están puestos en la economía del Reino, ese que se obtiene mediante la fe, fe en Aquel que prometió que mayores cosas haríamos en Su nombre y que supliría todo lo que falte conforme a Sus riquezas en gloria (Fil.4:19).
La campaña que realice a través de internet tuvo un impacto tan grande que nadie ha podido detener hasta el día de hoy. Esa vez compre 150 pares de zapatillas (tenis) que alcanzaron a todos los niños de Ojo de Agua y otras tres comunidades (La Posta, San Francisco del Chañar y Sebastián el Cano).
Así nació “Zapatillas de Fe” que es el resultado de muchos intercesores en diferentes países de Sudamérica que oran para que Dios toque corazones y provea los recursos para “cubrir los pies con calzados y el corazón con Su Palabra” y así fue también en Argentina, Paraguay, Chile, Perú y Ecuador.
Siempre enviaba a mis amigos alguna nota explicando el proyecto, en esta oportunidad sólo publiqué una foto de los niños Waoranis de la Selva del Ecuador y quería ver a Dios actuando, no forcé nada, fue en el mes de febrero, sólo esperé que las personas reaccionaran a la invitación: ¿Quieres bendecir a uno de estos niños? Les decía a mis amigos.
Yo necesitaba 42 pares de zapatitos y tal como ha sido desde el inicio el Señor me dio mucho más de lo que yo esperaba. Viaje 3 veces a la selva, con 200 pares de zapatillas en total, visité seis comunidades, donde el evangelismo infantil fue la prioridad. Los niños no llegan por interés, ellos venían a aprender de Jesús, cantar y jugar. No saben nada de “Zapatillas de Fe”, pero vuelven felices a sus casas con sus pies calzados y todo gracias a que muchos hermanos oraron para qué ese milagro fuera posible.
Por Coke Hernández, misionero chileno
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