
Fui una mujer promiscua, estuve envuelta por mucho tiempo en la santería, por muchos años tomé mucho alcohol. Pero en la gracia y misericordia del Señor me arrepentí de mis pecados y reconocí a Cristo como mi Salvador y Señor a la edad de 28 años, Él me hizo una nueva criatura.
Tu pasado no determina el llamado que El Señor te haga a las misiones, lo que sí debemos de tener claro es que nuestro centro de capacitación es nuestra iglesia local para ser instruida en la Palabra e ir transformando la mente y el corazón. Es importante entender que los misioneros somos enviados por una iglesia local.
Después de reconocer a Cristo comencé a ser discipulada con la Palabra en la iglesia en la que me bauticé.
Fui llamada a las misiones 4 años antes que mi esposo, oré todo este tiempo por él, esperando el tiempo del Señor que siempre es perfecto. Salimos al campo misionero con tres hijos de edades 9, 7, 5. Fuimos con recursos propios que venían de vender nuestra casa por obediencia al llamado que El Señor nos estaba haciendo con la bendición de nuestro pastor y la iglesia los cuales confirmaron nuestro llamado.
Por cuestiones de mudanza cambiamos de iglesia en la cual continuamos siendo discipulados y creciendo en Su Palabra.
Servimos en nuestra iglesia local por muchos años, pasando por varios ministerios incluidos limpieza del templo, cuidado de niños, grupo de oración, escuela dominical para niños, líder de la Unión Femenil Misionera, y en los cargos de liderazgo de mi esposo era su ayuda, éramos parte del liderazgo de nuestra iglesia así como de otros más.
Sabiendo que mi primer campo misionero era mi casa y afirmando el llamado de mi esposo eso no quitaba el hecho de servir junto a él con mis dones y talentos.
Varias iglesias se han plantado usándome el Señor con tener relaciones con otras mujeres, pero sabiendo cual es mi posición.
La Palabra es muy clara de cómo nos llama el Señor a servir a las ancianas (maduras espiritualmente sin importar la edad) donde estemos, Tito 2:3-5 dice “De manera similar, enseña a las mujeres mayores a vivir de una manera que honre a Dios. No deben calumniar a nadie, ni emborracharse.
En cambio, deberían de enseñarles a las más jóvenes a amar a sus esposos y a sus hijos, a vivir sabiamente y a ser puras, a trabajar en su hogar, a hacer el bien y a someterse a sus esposos. Entonces no deshonraran la Palabra de Dios”.
He tenido la oportunidad de preparar jóvenes solteras para el campo misionero y mi enfoque es que puedan ser jóvenes de la Palabra y vivir como el Señor manda en la misma, sin que piensen que son inferiores porque tienen funciones diferentes dentro de la iglesia, recordándoles siempre que vivir el diseño de Dios en sus vidas siempre será lo mejor a pesar de lo que el mundo les trate de vender.
Además, que recuerden que no tienen que aspirar a asumir las funciones establecidas por Dios para el hombre en la iglesia. Desde que he estado en los caminos del Señor, nunca me ha faltado algo que hacer en favor de la edificación de la Iglesia de Cristo sin tener que querer hacer lo que es normativo para la Iglesia en cuanto a los hombres.
Liliana Llambés, misionera IMB
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