
“La humildad de saber que podemos aprender de cualquier persona, nos ayuda bastante en el campo misionero”.
David Bredeman
Escuchamos con frecuencia que los misioneros llegan al campo pensando que tienen la solución a los problemas del campo misionero o que ya lo saben todo y nadie les puede enseñar nada. Pero la actitud que necesita tener una persona que quiere ser mentoreada, según Davíd Bredeman, misionero de la EFI, es la humildad y tener el deseo de seguir aprendiendo. “Luego de unos seis a ocho meses en el campo, el misionero se enfrenta con la triste realidad de que son pocas sus respuestas. Eso nos puede ayudar a encontrar un nuevo nivel de humildad o nos puede causar amargura, por eso la humildad es sumamente importante para poder seguir aprendiendo”, dijo Davíd.
No podemos olvidar que la relación de mentoría es horizontal, no vertical, eso quiere decir que ambas personas que participan en ella pueden intercambiar vivencias, ideas, etc. y aprender uno del otro, así ambos serán edificados. Carlos Pinto, sicólogo, dice que el misionero de más experiencia tiene que tener la apertura (esto implica humildad) de saber que el misionero nuevo tiene algo que enseñarle, “porque necesita de un refrescamiento y del entusiasmo de un misionero nuevo. Ayudarse mutuamente en un crecimiento integral en la etapa de vida que están pasando”, dijo Carlos.
Nos Falta Seguimiento
La educación formal es muy buena pero muchas veces nos falta seguimiento, dice el misionero David Bredeman de la EFI (Evangelical Fellowship Internacional).
“Por la falta de seguimiento intentamos con nuestras buenas intenciones, por ejemplo, estudiar el curso que acabamos de tomar, pero vienen otras cosas y no continuamos. Nuestras buenas intenciones no tienen la fuerza suficiente para continuar y promover el cambio, si no hay la interacción con otra persona”, dijo David, quien trabaja en mentoreo y cuidado pastoral de misioneros.
El apoyo de un mentor es fundamental en la vida de todo misionero, esto lo podemos ver claramente en este testimonio de la misionera Jessie Ritchey, que es consultora de misiones: “Una cosa que yo siempre he hecho es tener mentores: son personas con las cuales yo podía compartir mis dudas.
Cuando en los primeros años en el campo yo pensé –seguramente Dios se equivocó llamándome a un pueblo islámico en medio de África. Y yo pude compartir estas cosas con estos mentores, ellos me animaron y me contaron sus historias de cómo Dios había sido fiel con ellos. Eso me mantuvo en tiempos muy difíciles”.
La mentoría de un misionero debe empezar antes que éste salga al campo, el misionero Antonio Pavón, Director de Movilización Internacional de COMIBAM, dice que la mentoría comienza desde la iglesia enviadora, por medio del pastor en la iglesia, hasta cuando el misionero esté en el campo, es importante que el misionero tenga un tutor o mentor.
“Porque cuando está en el campo el misionero se enfrenta a muchos problemas sicológicos, espirituales, morales y de identidad. Hay muchos testimonios donde el misionero no tiene en quien confiar, con quien descargar sus preguntas o sus necesidades”, según Antonio.
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