
Según cifras oficiales del ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los refugiados), 65.3 millones de hombres, mujeres y niños fueron desplazados por la fuerza en todo el mundo como resultado de conflictos, guerras, persecuciones o violencia.
Estas personas huyen de atrocidades, miedo y privaciones. Y necesitan ayuda material, psicológica, social; y sobre todo, necesitan de Jesucristo y la esperanza del Evangelio. Necesitan nuestra oración y nuestra acción como iglesia.
En Europa, las iglesias dan la bienvenida a los refugiados ofreciéndoles ayuda con el idioma, su estadía e inclusión social. Además, llevan cursos para comprender mejor su cultura y religión; y formas de evangelismo eficaz. Y por otro lado, brindan cursos de discipulado a los nuevos creyentes.
En América latina y España, ministerios como Manarah o el EDE de fútbol (Jucum Mendoza) brindan capacitación tanto cultural, religiosa y lingüística como de evangelismo, para misiones transculturales de corto y largo plazo con migrantes y refugiados. También hay ministerios que trabajan mano a mano con los desplazados internos, como en el caso de Colombia.
En el Medio Oriente, diversos ministerios, como SIM, llevan profesionales voluntarios -como del área saludpara brindar ayuda en los campos de refugiados o desplazados.
Este gran desplazamiento de gente, la llegada de diversos pueblos, demanda de una iglesia capacitada y alerta tanto a las oportunidades de evangelismo, como el ser ejemplo de tolerancia y solución ante los conflictos sociales desencadenados por el choque cultural. Es una gran oportunidad para responder con el amor y el mensaje de Jesucristo.
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