
El islamismo se ha expandido en el mundo, podríamos decir, a través de dos formas: Como la corriente más extremista dentro del Islam, el yihadismo moderno, notado en el crecimiento de grupos como ISIS o Al-Qaeda, y las guerras desencadenadas entre estos y ciertos gobiernos.
Por el otro lado, el Islam como religión o una suerte de evangelismo islámico, también se ve un esfuerzo importante de promoverlo en occidente. Allí se presenta como una religión de paz y tolerancia y una excelente respuesta al materialismo occidental y la percibida ‘decadencia cristiana’.
Frente a esto, es importante y saludable que nosotros como cristianos podamos aprender como presentar nuestra fe a las personas musulmanas de una manera que ellos puedan entender y apreciar. ¿Será que debemos defender nuestra fe?
En sí, no es cuestión de ‘defender nuestra fe’, como si Jesús necesitara un defensor, sino de aprender cómo expresar nuestra fe a quienes Jesús quiere alcanzar. La frase ‘defender la fe’ nos habla de confrontación. Este no es el caso.
La apologética sirve para argumentar. Podremos ganar una discusión con buena argumentación, pero perder la oportunidad de hablar del amor de Cristo. No debemos defender “nuestra” verdad. No confrontamos cuál religión es mejor. La religión no salva, solo Cristo salva y el que convence de pecados es el Espíritu Santo. Debemos hablar de una relación más que religión.
Además, la forma de explicar el Evangelio a un musulmán es muy distinta a que si uno está hablando con un ateo o un católico nominal. Y es necesario saber cómo responder a sus objeciones al Evangelio.
Si queremos acercarnos a comunidades de refugiados musulmanes o comunidades árabes en general, tenemos que esforzarnos en entender que creen y cómo piensan.
Solo así sabremos cómo hacer nuestra presentación del Evangelio relevante y entendible a sus oídos.
Fuentes: George Rivers y Edgar Surenian
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