
“La responsabilidad de la Iglesia es llegar más allá de sus actividades sociales y religiosas y abrazar a quienes no pertenecen a su comunidad.”
Rev. Dr. Rupen Das “Dios y los refugiados: fundación de esperanza”
Las personas desplazadas llegan con grandes necesidades y buscan la ayuda de las comunidades en las que esperan estar. Sus necesidades inmediatas son:
- Básicas: alimento, agua, medicinas; ropa, artículos de higiene personal. Algunos pasan semanas sin comer o se quedaron sin dinero al cruzar fronteras. O pueden sufrir accidentes en el camino.
- Refugio seguro: muchos llegan con pocas posesiones después de traicioneros viajes a pie y por mar. Y luego, van a vivir en zonas vulnerables, por el hacinamiento y la inseguridad de las circunstancias.
- Descanso: están física y mentalmente agotados. Algunas familias están rotas o separadas.
- Cultural: aprender el nuevo idioma o entender el sistema.
- Emocionales: muchos enfrentan el resentimiento y algunos, especialmente en Europa, pueden entrar a visiones extremistas, lo cual sólo empeora su situación.
- Amistad y cariño: muchas de las personas que llegan de lejos necesitan a un amigo, un verdadero amigo de su grupo de edad para hacer cosas juntos y ya no se sentirse solos.
- Guía: necesitan madres y/o padres que puedan ser sus consejeros y los guíen en decisiones.
Muchos países, tienen la política de Estado de suplir varias de estas necesidades, y hay voluntarios que también prestan su ayuda para encontrar una casa, muebles, oportunidades de estudio, etc.
Pero, hay otra necesidad inmediata: la vida eterna.
¿Quién les ayudará con el alimento eterno y la esperanza?
“Sólo los cristianos comprometidos pueden ayudarlos a encontrar el propósito eterno y esperanza. Podemos ofrecer una oración por ellos, un oído atento a escuchar y un apoyo en su desesperación”.
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