
Como cristianos queremos y necesitamos ayudar a otros. Pero si ayudamos de formas equivocadas, no sería generoso; de hecho, puede ser una de las cosas más dañinas, y egoístas, que podamos hacer.
Las comunidades pobres no necesitan una rápida venda o curita, o un folleto evangelístico, sino necesitan que invertamos en sus vidas, educándolos para crear más trabajos; es decir, ayudarlos a alcanzar el desarrollo integral.
“Esas cosas pueden ayudarnos a sentirnos bien pero no crean un desarrollo sostenible a largo plazo porque se concentran en algo equivocado: aliviar la pobreza en lugar de crear riqueza,” dijo Peter Greer, presidente de Esperanza Internacional.
Necesitamos dejar de menospreciarlos y empezar a mirarlos como personas con dignidad, pues ellos poseen los recursos para mejorar su calidad de vida.
Podemos ayudarlos a salir adelante en vez de sólo darles limosna.
“El nivel más alto de caridad es cuando puedes ayudar a alguien a pararse sobre sus propios pies, a usar sus capacidades dadas por Dios para proveer a su familia,” dijo Peter.
El autor del libro Caridad Tóxica, Robert Lupton, dice que las caridades regaladas son fáciles y hacen que los donantes se sientan bien, pero usualmente no producen relaciones y un desarrollo a largo plazo.
Lupton advierte que el desarrollo comunitario es complejo, centrado en lo relacional, y dolorosamente lento. Pero dura. “Y darles una mano de ayuda probablemente signifique que nuestras manos tengan que ensuciarse”.
Dar materiales crea dependencia y conflicto, no independencia y respeto.
«Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?» 1 Juan 3:17 se usa frecuentemente para justificar el dar, pero aún deberíamos ir un paso más allá y dar responsablemente.
Moviéndonos más allá de las despensas de alimentos y los folletos, si queremos ayudar a los pobres, necesitamos capacitar a la gente basada en una responsabilidad compartida, de apoyo mutuo y rendición de cuentas.
“La misericordia que no se mueve intencionalmente en la dirección del desarrollo (justicia) terminará haciendo más daño que bien, tanto al dador como al receptor,” dijo Robert.