
El voluntariado es un amor que trasciende, no solo en las vidas de los otros, sino también en las nuestras. Vemos la mano de Dios manifestarse, conocemos la necesidad de estar cerca de Él porque solo así, nuestro accionar se mantendrá con la motivación correcta: servir y glorificar a Dios.
En este mundo actual en el que vivimos, a pesar de los tantos avances médicos, tecnológicos, aún hay crisis humanitarias sin resolver, crisis de refugiados migrantes; cambio climático acelerado; pareciera que la humanidad va de mal en peor. Es ahora cuando la Iglesia debe enfatizar su servicio fuera de sus cuatro paredes. Mostrarle al mundo el amor de Dios por medio de nuestra ayuda en acción.
El acto de dar nuestro tiempo y fuerzas, invertir en otros, es una conducta difícilmente sostenible si es que no parte de una decisión propia. Por todo ello, el voluntariado es una de las formas más puras de demostrar amor o interés por otros. Sin embargo, es cierto que nuestras motivaciones iniciales pueden desdibujarse con el tiempo. Perdemos la brújula o somos víctimas de la rutina.
Como cristianos, el tener presente que las cosas que hacemos son por y para Dios (Colosenses 3:23), nos ayuda a mantener nuestro caminar correcto.
Si cada vez que hacemos voluntariado imitamos a Jesús, pues hagámoslo siempre, hasta desarrollar la capacidad de dar sin esperar nada a cambio.
Deseamos que esta edición te anime -si es que aún no eres parte de un servicio voluntario- o te fortalezca en tu servicio. Desde el escritorio del equipo VAMOS...
Ruth