
El hecho de que tu trabajo te relacione con personas de las cuales alguna de ellas necesite el evangelio, hace que Dios se interese por tu negocio, Él quiere usarlo y usarte de bendición a las naciones.
Desde el Génesis, Dios recalca la importancia del trabajo. Es para todos. Pero, generar puestos de trabajo, tener la habilidad de crear productos y servicios que beneficien a otros, son habilidades que Dios nos da según nuestra capacidad. Así como en la parábola de los talentos (Mateo 25:14-30), Dios nos entrega más, según nuestra capacidad y espera que desarrollemos lo que tenemos para confiarnos aún más.
Dios no manda dinero del cielo, nos manda a trabajar y nos da el poder para adquirir riquezas (Deuteronomio 8:18). Este poder que proviene de Dios, sumado a la habilidad que también nos da, hacen posible que todo creyente sea apto para hacer negocios de éxito y qué mejor si son para la extensión del reino.
Toda persona que tiene riquezas por medio de su trabajo, ha recibido de Dios la facultad de hacer riquezas y Dios les brinda una estrategia de inversión que no debería pasar por alto (1 Timoteo 6:17-19).
Esta es la estrategia de inversión que permite el desarrollo de negocios que transforman vidas para la eternidad e impactan a toda una sociedad para bien.
Es la estrategia de grandes, medianos o pequeños negocios que ven más allá de lo temporal y terrenal.
Ellos están invirtiendo en el reino, en la misión de Dios, ellos son los misioneros que trabajan bajo la plataforma de negocios como misión. La puesta en marcha de su negocio camina hacia lo eterno y es sobre ellos, que estaremos compartiendo en esta edición.
Sara Ypanaqué