
Por un momento es apacible, quieto e inspirador y otro día, olas alborotadas levantan sus aguas y un mar furioso se muestra ante nuestros ojos. Así como el mar son nuestras emociones; profundas, enigmáticas, incontrolables. Dejarnos llevar tan sólo por ellas, puede dar como resultado una vida de oleadas y remolinos. Por eso, necesitamos que sean controladas y sanadas por la obra transformadora de Dios.
Las emociones juegan un papel importante y algunas veces, pueden afectar nuestras decisiones, así lo explica Karen Marroquín, misionera de Latin Link. “Las emociones, como parte de la vida de todo ser humano, interfieren muchas veces, negativamente”.
Todos tenemos momentos de ansiedad, penas y desánimo, sin embargo cuando estas dificultades emocionales interfieren en la rutina diaria de la vida, deben tratarse.
Los problemas emocionales, también afectan la salud física y mental. “Hasta hace un tiempo no se daba crédito a esto, pero la realidad es que el estado de ánimo puede aliviar síntomas incluso hacerlos desaparecer o complicar aún más la enfermedad”, comenta el médico neurocirujano español Roberto Prado Castillo para un artículo de enplenitud.com.
En el caso de las misiones, es necesario que la salud emocional del misionero sea saludable, para poder soportar las diversas presiones del campo, así lo explicó Karuna, misionera que sirve en Asia del sur.
“Al estar en el campo, el misionero se vuelve más vulnerable emocionalmente, los conflictos emocionales no resueltos, se vuelven más intensos”, dijo Karuna.