
Tenía sólo ocho años de edad y tuvo que luchar contra la tuberculosis y aunque aparentemente sanó, su salud nunca quedó del todo bien.
Los años pasaron y un día su cabello comenzó a caerse, la textura de su piel había cambiado, y Resistance Muhedi, un niño del África, volvía a enfermar sin saber lo que le estaba ocurriendo. Bárbara, una misionera que estaba trabajando con SIDA se enteró del caso y fue a visitarlo. La enfermedad parecía ser algo mucho más grave así que sometió al niño a la prueba del VIH, el resultado demostró que era VIH positivo. Bárbara actuó rápidamente y llevó a Resistance a que reciba medicamentos antirretrovirales, orando para que el proceso de recuperación pueda ser bien asimilado. Milagrosamente, la salud de Resistance ha mejorado notablemente. Él dejó la religión que seguía y se convirtió al Señor. Aunque su cuerpo lleva los rastros del VIH, su alma ha quedado completamente sanada y está ansioso por compartir de esa cura con otros jóvenes que como él están sufriendo el mal del SIDA.
La realidad del VIH y SIDA es un mal que está afectando a personas de todas las edades, razas y sexos. Cada día, muchos mueren a raíz de esta enfermedad y el dolor estremece a las familias. Las cifras dicen que aproximadamente 33,4 millones de personas están infectadas con el VIH. Sólo en el 2008, ocurrieron aproximadamente, 2.7 millones de nuevas infecciones de VIH y se estima que 2 millones en todo el mundo, murieron debido a enfermedades relacionadas al SIDA.
Según la Organización Mundial de la Salud, el SIDA continúa siendo una de las mayores causas de muerte global y el número de personas viviendo con el VIH sigue creciendo (www.unaids.org).
Frente a esta situación, SIM desarrolló un programa llamado “Esperanza para el SIDA” (HOPE for AIDS) como una respuesta ante tanta necesidad.
En este programa se trabaja con comunidades y personas afectadas por el SIDA llevándoles el amor de Cristo de una manera integral (ayuda espiritual y médica).