
La primera vez que vi algo relacionado al tráfico humano fue en una película y justamente por verlo en la televisión me hizo pensar que era un problema lejano. Con el pasar de los años, algunas lecturas, campañas y otras cosas vistas en la web, hicieron que me diera cuenta de que es una realidad. Miles de personas alrededor del mundo sufren, mientras yo aún tengo la libertad para ir a la iglesia y trabajar en lo que más me guste.
Entonces me pregunté qué podía hacer yo por esas personas, cuál era mi papel frente al tráfico humano. Y vi que así como yo tenía estas dudas, muchas otras personas también. O peor aún, un gran porcentaje vivía como yo antes de informarme, pensando que el tráfico es algo que pasa sólo en películas.
Hoy por hoy parece una ilusión pensar en un mundo donde el tráfico humano no existe, pero no tiene que seguir siendo así. Mientras más gente se informe y decida actuar, más posibilidades hay de acabar con esto. Dios nos manda a amarnos unos a otros con un amor sincero, y no hay nada más lejos de eso que esclavizar a otra persona.
En esta edición no sólo buscamos mostrar a la Iglesia que el tráfico es una realidad, sino que tenemos formas de actuar e involucrarnos.
Hemos sido enviados a ser luz y sal en todos los aspectos y este no está fuera de eso. Mi deseo es que nuestros corazones ardan por manifestarnos contra este tema y no olvidemos a todos aquellos que sufren, que los mantengamos en nuestras oraciones pero también en nuestras acciones.