¿Cómo mantener la cordura en tiempos de aislamiento?

¿Cómo mantener la cordura en tiempos de aislamiento?
Resumen

Las crisis, por lo general, muestran el egoísmo que pensamos que no tenemos, ¿De qué manera estás preparado para dar una mano a aquellos que lo necesitan?

Fuente
Revista VAMOS

Mientras que las iglesias en el occidente permanecen cerradas debido al COVID-19, para los cristianos perseguidos, congregar nunca fue una opción.

A continuación, veremos cómo la Iglesia perseguida mantiene la cordura en tiempo de aislamiento:

  1. Acepta el sufrimiento como una parte normal de seguir a Jesús (1 Pe. 4:12).
  2. Deja tu vida y entrégate a Jesús (Mateo 16:24).
  3. Adora y recita las Escrituras (Hechos 16:25).
  4. Busca a nuestros hermanos (Eclesiastés 4:12).
  5. Experimenta la presencia de Dios (Salmo 34:17-20).
  6. Identifícate con el sufrimiento de Jesús y Sus discípulos (Hebreos 13:3).
  7. Cree en un propósito mayor (Filipenses 1:12).

El desahogo en el campo misionero

Las crisis, por lo general, generan trauma e incertidumbre. Todos hemos visto o tal vez experimentado los resultados negativos de no desahogarse, dando como resultado, un sentimiento de no ser importante, de que nadie se interesa por nosotros y además desánimo al no obtener el punto de vista de otra persona.

Desahogarse es una idea bíblica, Pablo y la iglesia de Antioquía la practicaron (Hch. 14:27), Pedro (Hch. 11:4), Tísico (Ef. 6:21) y Timoteo (1 Tes. 3:1-6) y otros.

Desahogarse es más que escribir un simple reporte. Es decir, nuestra historia completa con experiencias y sentimientos desde nuestro punto de vista. Es procesar verbalmente los eventos pasados. Difiere de un reporte que solo cita hechos y detalles objetivamente, pero sin ningún tipo de sentimientos.

Wycliffe Internacional nos provee puntos e ideas claves: Lee el artículo completo en: https://movilicemos.org/index.php/ recursos/durante-el-campo/desahogo-en-el-campo-misionero

El COVID-19 y los refugiados

Sofía está pasando una de las experiencias más duras de su vida.

Llegó a España el pasado invierno, huyendo de su Venezuela natal y viéndose obligada a dejar a sus hijos allí.

Se vio obligada a vivir en un área pequeña con otros refugiados, en plena oleada de frío, para iniciar los trámites de asilo.

Gracias a los voluntarios que sirven con los refugiados en la capital, Sofía creó lazos fuertes con la iglesia local. Gracias a todos ellos, al fin, se sentía “en casa”. Pero todo cambió cuando contrajo el coronavirus.

“Me siento mal, tengo 40º fiebre y problemas respiratorios. Me duele el cuerpo, la cabeza y tengo tos. Gracias a mis hermanos que conocí aquí no pienso en la muerte. Mi vista solo está puesta en Jesús y que Él me ayudará a salir de esta situación para, algún día, por fin, poder estar nuevamente con mis hijos y servirle”.

 

Si deseas conocer mas sobre este tema, entra al siguiente link: misiones-en-tiempos-de-crisis