¿Cómo afrontan la soledad y el aislamiento los misioneros que viven en áreas remotas o que tienen pocos miembros del equipo?

Salud mental
Fuente
Revista VAMOS

“Vivir en áreas remotas es un sacrificio, las necesidades son grandes y no muchos están dispuestos a hacerlo. Busca formas de encontrar compañerismo creativo y haz del refrigerio espiritual y emocional una prioridad, permítete tomar descansos frecuentes en el ministerio para visitar a los amigos por unas semanas o ir de vacaciones. Haz que sea parte de tu ministerio. No te sientas culpable por estar fuera durante 2 o 3 semanas seguidas cada dos o tres meses. Es mucho más fácil conocer tus necesidades y planificarlas que tener que recibir asesoramiento y estar fuera del campo durante una gran cantidad de tiempo. Todos somos humanos. Dios llevará a cabo Su misión con o sin nosotros. Él elige usarnos. No intentes ser un súperhumano. Dios es la vid, nosotros somos las ramas. Él es nuestra fuente de fortaleza para que podamos remontarnos como águilas.”

Cathy Jiménez, sirviendo en Guatemala

“Mantente cerca de Dios y de la familia. En mi experiencia como misionero de carrera durante los últimos 9 años (7 en el campo), una clave para lidiar con la soledad es mantener la cercanía con Dios y con tu cónyuge, si estás casado. El simple hecho de hacer de estas dos relaciones vitales su máxima prioridad te evitará una serie de otros problemas. Si tienes hijos, mantener una relación sólida y unida con ellos también aporta una fuerza invaluable.”

Nadia, sirviendo en China

Dios está conmigo

Él llora contigo, como lloró con la familia de Lázaro (Juan 11:35). Sabía la obra de resurrección que estaba a punto de hacer, pero lloró de todos modos. Del mismo modo, Él sabe cómo va a trabajar en tu vida y a través de ella, y está contigo en medio de ella.

Por gracia, envió al Espíritu Santo, nuestro consolador y consejero, para estar contigo, para ayudarte. El Espíritu Santo intercede por ti (Rom. 8:27). Él clama por ti cuando no puedes formar palabras, pero solo sonidos de desesperación (Rom. 8:26).

Por lo tanto, permanece firme porque hay gran esperanza: “Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón, y salva a los abatidos de espíritu” (Sal. 34:18). Todos estamos quebrantados a nuestra manera, pero Cristo nos sana. Él ilumina los rincones más oscuros de mi corazón y mi mente (2 Cor. 4: 6). Él me saca del pozo más profundo (Job 33:28; Sal. 40: 2; 103: 4; Lam. 3:55). Y si lo considera conveniente, me utilizará para alcanzar a otros (2 Cor. 4: 7-10).

Lieryn Barnett, escritora para “El Todopoderoso”, comenta sobre sus experiencias con el trastorno bipolar, la depresión y la ansiedad

 
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