Misioneros Reales

Misioneros Reales
Resumen

“Es mejor vivir hasta los 90 y tener 60 años de ministerio equilibrado, tener una esposa viejita conmigo a mi lado y amándome, que ser uno que no sabe decir “no” a nada y que siempre está corriendo de ahí para allá, levantando mucho polvo pero progresando poco”.

Tim Kunkel, misionero de la IMB en Paraguay

Fuente
Revista VAMOS

Los misioneros y líderes siempre están siendo observados, la gente espera mucho de ellos e incluso ellos mismos tienen presiones personales.

Estas altas expectativas pueden generar en el misionero ansiedad, un sentido de temor, culpa e incluso llegar a exagerar los resultados con el único deseo de satisfacer a los demás.

Jonatán Lewis, Director del CCTM Argentina, dice que estas expectativas poco realistas de los enviadores se debe a la falta de información y no a una mala intención. “Tal vez las iglesias esperan más pero sólo porque ignoran lo que es el desafío transcultural. Con algo de orientación, eso también se soluciona”, dijo Lewis.

Pero parte de este gran ideal del misionero, no sólo es responsabilidad de la iglesia enviadora sino, que principalmente es un error que los mismos misioneros han creado.

“Es lamentable decirlo, pero tanto pastores y misioneros somos responsables de haber creado altas y falsas expectativas en la gente. Muchas veces nos hemos presentado como personas ‘santas’, que no tenemos problemas, que no nos cansamos, que siempre vivimos ‘en victoria’ y que la iglesia y el ministerio son lo más importante”, dijo David Martínez, misionero de SIM en Ecuador.

Jesús Londoño, misionero y Director de SEPAL España, también cuenta que algunas veces el misionero se presenta como un héroe, y se niega a mostrar su vulnerabilidad.

“Cada vez que una iglesia llama al misionero y le pregunta cómo está, dice: aquí todo está bien, todo el mundo está convirtiéndose, mi familia anda bien. Al final vamos a tener una frustración porque vamos a crear expectativas muy altas no sólo para los que están alrededor nuestro sino para nosotros mismos, y esas faltas expectativas también traen un quiebre para el misionero. Cuando uno se da cuenta que está viviendo en dos mundos opuestos, el utópico y el real”, dijo Londoño.

Es necesario que los misioneros aprendan a mostrarse reales, vulnerables, tal y cómo son, para que así los enviadores puedan comprenderlos y cuidarlos.

“El misionero tiene que entender que si no comunica sus necesidades y debilidades nadie va a poder ayudarle”, dijo Londoño. Debe mostrar que es frágil como todos, pero por la gracia de Dios está en el lugar que está.

“Así como todo cristiano solamente es la gracia de Dios la que me sostiene día a día, por su gracia y misericordia estoy en el lugar que estoy hasta hoy”, dijo Martínez.

Además, el misionero debe entender que tampoco puede satisfacer las expectativas de todos, tiene que ser realista en cuanto a las metas personales que sí puede lograr y no ponerse cargas ajenas que serían imposibles de cumplir.

“Uno no debe tomar siempre como suyas las expectativas que otros nos quieren imponer. Muchas veces ni ellos mismos pueden llevarlas y quieren cargarnos con ellas. Eso también es un ejercicio mental”, dijo Félix Rodríguez, Director de MOVIDA en Paraguay.

 

 

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